domingo, 29 de marzo de 2015

49. ALLÁ DONDE TU ALMA DESCANSE


Domingo, 29 de marzo de 2015.- Allá donde tu alma descanse.

Hola de nuevo, amigo. Hoy volvemos a soplar velas, aunque quizás no las soplemos ninguno de los dos. Por casualidad, personas que no pertenecen a tu entorno más cercano te han mencionado en estos días. Cuando alguien tiene más corazón que cuerpo, se hace eterno en la Tierra en boca de los demás, estén o no sus pies ya sobre ella. Antes carecía de motivos para sentir tristeza en este día. Siempre me he sentido feliz por poder contarlo un año más. Un descuido de la vida te arrebató a ti ese privilegio. Eso me entristece. Dos cumpleaños ya sin tu amable sonrisa. Aún parece una broma pesada. Pero no lo es.
La vida es un cúmulo de éxitos y fracasos, un camino de agua, tierra y piedras. La mejor forma de disfrutarla es llevar en la mochila sólo lo justo para afrontar cada situación sin que nada afecte tanto como para no querer seguir caminando: buen calzado, un impermeable y algo de abrigo. Era tu equipaje, y es el mío: una sonrisa. Tu hijo sigue recordando cómo nos parecíamos tú y yo. Nos acostumbramos a ser invisibles y disfrutar de la felicidad de los demás, a reconocer en el amor de los nuestros ese tesoro que otros nunca encuentran por buscar en el lugar equivocado, a estar siempre encima de la X sin el menor esfuerzo. Hay quien nos llama conformistas ¿Acaso es tan fácil alcanzar la felicidad?
Hoy no están tus nietas conmigo. Sin ellas me siento extraña, como si me costase respirar. Así que me he sentado a escribir y a repasar los últimos años. He evolucionado. Me siento orgullosa de poder decirlo. Tengo muchos defectos, pero también tengo virtudes. Evoluciono, porque aprendo de mis errores. No me limito a quejarme y echar la culpa a los demás, que también cuando procede. Todos cometemos errores. Son los errores los que escriben cada punto y seguido en el texto de una vida. Y todos merecemos otra oportunidad. Releer, sólo para recordar y no volver a cometer el mismo error. La felicidad escribe el punto y aparte. La muerte, y sólo ella, escribe el punto final. He visto a tus nietas muy pequeñitas, he sentido de nuevo la alegría de encontrar trabajo y la pena de volver a perderlo, he notado otra vez las secuelas de años de esfuerzo, he comprobado cómo he ido dejando dormirse a la niña irracional que hasta hace poco tiempo seguía animándome a tropezar una y otra vez… Me he recordado.
Y te he visto a ti, con tu nieta, disfrutando de ser su abuelo.
Hoy brilla el sol, Antonio. Cumplimos años bajo el sol, otro más. Yo, en este rincón del valle. Tú, en ese otro rincón de ese otro valle donde te dimos el último adiós. Pero ambos hemos de celebrarlo. Porque tú y yo lo sabemos: que no somos nosotros, sino las personas a quienes tanto queremos, quienes nos definen. Y por definición, somos grandes, Antonio.  Tú, más.
Allá donde tu alma descanse ahora, celébralo y sé feliz.

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