jueves, 24 de julio de 2014

41. RIENDA SUELTA


Jueves, 24 de julio de 2014: Rienda suelta.

Llevo ya algún tiempo cabreada. Tengo ganas de escribir sobre todo cuanto me cabrea, pero es tanto… es todo, o casi todo… tanto que me es imposible escribir sobre nada más, o casi nada más…
No entiendo un mundo donde cohabitan la verdad y la mentira en los mismos cuerpos: querer ser y no serlo, mostrar para poder ocultar, vivir tirando piedras con las manos escondidas… No entiendo la hipocresía. Y no me refiero a las normas básicas de conducta, al mínimo protocolo, a la empatía, a la comprensión, a la diplomacia… No, no me refiero a saludar y ser amable con alguien que no te cae bien, pues que no te caiga bien no te da derecho a menospreciar a esa persona a quien otros sí querrán y quien para otros sí será agradable. No, no me refiero a eso. Me refiero a vivir una vida llena de mentiras, me refiero a MENTIR una vida. Y hay tantas vidas mentidas… Y de esas vidas llenas de ojos cerrados, de esas vidas de cascarilla, de esas retahílas de embustes convertidos en existencia… de ellas es la culpa de los conflictos armados, de las muertes de inocentes, de los niños que se quedan sin madre y padre y, peor aún… de las madres y padres que se quedan sin hijos…
El mundo está patas arriba. Todo está patas arriba. Los codiciosos gobernantes que han radicalizado este sistema capitalista y los bancos que les dirigen son una panda de adolescentes malcriados que se niegan a ordenar su habitación y se limitan a dar patadas a la ropa  para esconderla bajo la cama… y cualquiera se asoma a mirar bajo la cama… cualquier cosa puede salir de ahí… Y cuando llega alguien y critica el desorden de su habitación, esos adolescentes se limitan a gritar, insultar, eludir responsabilidades y, los peor educados, sacan su lado violento. Esos adolescentes malcriados han desordenado toda la casa, y no quieren ordenarla de nuevo. Quieren que sus padres les mantengan, que les den todo, cada vez más comodidades, cada vez mejor calidad, más cantidad… pero no quieren obligaciones, y si los padres que les han malcriado les dicen algo, les amenazan y les atemorizan. ASÍ SON NUESTROS REPRESENTANTES.
Son nuestros gobernantes, nuestros representantes políticos, y los representantes de las grandes empresas que mueven los hilos de nuestros países, los del “primer mundo”… Señores, señoras: mundo sólo hay uno, UNO, y nos lo estamos cargando.
Y no me refiero a la situación medioambiental, que también…
Nos estamos cargando todo aquello que se había conseguido. Estamos acabando con la confianza del ser humano, con lo fundamental, lo que no se puede comprar, todo lo que nos distingue de los animales: los sentimientos, el raciocinio y hasta el lenguaje…
Estamos cambiando amor, cariño y dedicación por objetos innecesarios, y para mantenerlos, hemos de continuar sacrificando el amor, el cariño y la dedicación. Y para mantenerlos… cerramos los ojos y aquí no está pasando nada. Y los cerramos con tanta fuerza que nos empieza a doler la cabeza, y la cefalea nos impide recordar que, cuando éramos niños, también teníamos algunas cosas, tal vez no muchas, pero eran las necesarias para ser felices. Y éramos MUY felices, más que muchos de los niños que hoy en día tienen todo lo material y nada o casi nada de lo emocional.
Pero hay un hecho más grave aún.
Y es que, para que nuestros hijos puedan tener ese todo innecesario, llevamos décadas sacrificando a los hijos de otras personas. Sus vidas, no sus juguetes. SUS VIDAS.
Y cerramos los ojos, y los apretamos tan fuerte que nos duele la cabeza… y tenemos que echarnos a dormir, y así continuamos evitando ver…
Yo también soy hipócrita. O no. O, como sé que esto es así, intento hacerlo cada vez menos, para poder dejar atrás la hipocresía y vivir siendo lo más consecuente posible…
Sin darnos cuenta, ese “querer tener más”, ese exceso, nos ha ido empujando en el sentido en que nuestros representantes políticos y económicos han querido que caminemos, hacia el lugar al que nos han querido llevar. Nuestros pies de muñecos de trapo han ido apoyándose uno tras otro y nuestros cerebros de paja no han visto venir lo que se avecinaba…
Las guerras territoriales existen desde que el ser humano aún no era humano. De un modo u otro. La lucha empezó a ser armada cuando el ser humano, provisto de algo muy parecido ya al raciocinio, comenzó a esculpir armas en palos y piedras, y comprobó que el fuego quemaba también al enemigo. Y quiero tu espacio de caza, y no te lo doy que aquí estoy yo, pues yo soy más fuerte, pues demuéstralo… y me quedé con tu espacio de caza. Diferencia inicial: que el mío era estéril y el tuyo fértil, sólo defendía el derecho a comer de mi tribu.  Poco más o menos, resumiendo de un modo simplista y bobalicón el inicio humano de la lucha territorial, que no es exclusiva de ningún ser vivo porque incluso las plantas intentan ganar terreno si se las deja crecer libres (eso me lo dejó claro la buganvilla que levantó el suelo del patio de la casa donde me crié…). Pero hoy en día… ni los conflictos bélicos están movidos por la necesidad, ni las armas son palos y piedras (o no todas), ni los jefes de las tribus se aproximan a menos de diez mil kilómetros del punto donde se desarrolla el conflicto armado. Las guerras se han ido sucediendo a lo largo de la Historia como la peor pandemia e imposible de erradicar. Y no nos engañemos: las guerras no son religiosas ni ideológicas ni territoriales… Que nos lo queramos creer porque somos así de tontos, porque es más cómodo no pensar, porque nos han metido en esta espiral de “bienestar relativo” y tememos perderlo…pero las guerras, hoy en día, las provoca la CODICIA de unos cuantos. Unos cuantos que, desgraciadamente, nunca se extinguen. Y muere uno y le sucede otro: nunca se acaba. Porque la codicia es una mácula que se extiende por el tejido blando del cuerpo humano, y lo contamina hasta el punto de hacer perder la razón a personas tan inteligentes que, de haber sabido elegir libremente, y no a través de su mácula, podrían haber salvado civilizaciones en lugar de acabar con ellas. Sí, son inteligentes. Tanto, que son capaces de convencer a toda una etnia de que hagan el mismo daño que les hicieron a ellos décadas atrás… Tan triste… y que justifiquen las muertes de niños inocentes… y que rieguen su “tierra prometida” con la sangre de esos niños, como otros regaron los territorios anexionados con la sangre de sus antecesores muchos años atrás…
Y los que “necesitamos” unos zapatos nuevos para ir a una fiesta a la que, al parecer, no podemos ir con los que ya tenemos… los que “necesitamos” que nuestro coche tenga aire acondicionado… y un sinfín más de cosas… los que hemos estado viviendo en nuestro ficticio “Estado de Bienestar”…
…hemos llegado al punto de ver morir a niños y no sentir nada. O defender a quien los está matando. …hemos llegado al punto, incluso, de ODIAR a esos niños que no nos han hecho absolutamente nada.
…hemos llegado al punto de no darnos cuenta de que esos niños son amados por sus madres, y que esas madres NECESITAN a sus hijos, por encima de cualquier MIERDA de necesidad material que nosotros tengamos… los necesitan para continuar siendo felices… como yo necesito a mis hijas, como vosotros necesitáis a los vuestros…
No me importa si son palestinos, saharauis, ucranianos, haitianos, españoles… Son NIÑOS. Son NIÑOS, seres inocentes que aún no han tenido la oportunidad de decidir si son buenos o malos. Seres inocentes, que sólo piensan en jugar, que ven la vida, e incluso la muerte, como un juego. Un juego cruel, para ellos, pero un juego, al fin y al cabo. No entiendo que madres y padres de nuestro estúpido mundo occidental y de capitalismo radical puedan defender a un ejército que mata niños, a un gobierno que mata niños… a un sistema que deja morir a los niños… ¿Es que nuestros hijos son mejores que los de las madres palestinas o las madres somalíes o las madres de cualquier lugar donde estemos viendo morir a niños sin hacer nada por evitarlo? ¿Es que creemos que, como están tan lejos, será que allí no viven con cariño, no conocen el afecto, no entienden la ternura? ¿Es que nos creemos, nosotros mismos, mejores que ellos?
Vivimos en un “nuevo tercer mundo” lleno de ojos cerrados que se niegan a ver esta realidad. O entras por el aro o te tiran contra él, y entrarás de todos modos, pero malograda, lesionada, escarmentada… Así que entramos por el aro, aun cuando, al otro lado del aro, no paremos de repetir, una y otra vez, que esto no puede seguir así, que necesitamos cambiar, aun cuando sepamos que esta actitud nos coloca en el centro de la plaza de las lapidaciones y nos convierta en el objetivo de comentarios maliciosos de gente de poca empatía y menos luces, seguimos gritando con la esperanza de que alguien nos escuche, nos crea, abra los ojos… y luche con nosotros por volver a ser felices, por devolver algo de cordura al mundo que ya iba en aras de convertirse en un mundo mejor…
Y, mientras escribo estas líneas, oigo de nuevo el Ave María de Gounod, en la voz de una niña muy occidental, muy rubita… Y se agolpan las lágrimas en mis ojos, porque no lo entiendo, juro que no lo entiendo… pero ya me duele la cabeza, y no es de cerrar los ojos, sino de tenerlos abiertos… a tanta crueldad, a tanta violencia, a tanta injusticia…
Otro día hablaré de los niños maltratados por sus propios padres y madres… porque también hay que ser muy hipócrita para defender la continuación del desarrollo progresivo del no nacido y NO defender la vida, la seguridad y la felicidad del que ya respira fuera del seno materno… Otro día, otro día…

2 comentarios:

  1. Hija mia, tambien muchos mantenemos conversaciones de este tipo con personas de nuestro alrededor.Dicen los entendidos que los inteligentes, en el sentido global de la palabra,son aquellos que mejor se adaptan y sobreviven al medio q les toca vivir.Yo no se si soy inteligente, pero juro nadar entre dos aguas, entre la de la supervivencia y la de los sentimientos y sentido comun, y siempre se contraponen. Intento estar bien conmigo misma no haciendo mal e intentando ayudar en lo que puedo, pero tb sin perder de vista que tengo que seguir viviendo donde me ha tocado y donde elegi seguir.Si es por opinion,estoy de acuerdo en que me da vomito a veces lo que veo en cuanto a intereses politicos y economicos, es lo que puedo decirte amiga, si te animo un poco al menos sabiendo que hay personas que tampoco estan de acuerdo con todo el panorama q hay me alegro, pero no pierdas nunca el norte de donde estas, una piel extrasensible , si la expones mucho al sol al final termina achicharrandose y no sirviendo .Un besito

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  2. Sonia Burgos román31 de julio de 2014, 13:29

    Y no podemos hacer nada?..solo cerrar los ojos? ...o ni siquiera abrirlos...porque nos ha tocado vivir en esta parte de el planeta que también está manejada por unos pocos ...esos mismos que hacen las guerras...y repito no podemos hacer nada? Nunca hubo un fuerte sin un débil ...y todos somos los débiles ..en una parte del planeta y en otra nos dejamos manejar por esos pocos... yo que soy también débil reconozco nuestra debilidad...

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