jueves, 24 de julio de 2014

40. VIVO POR ELLAS O LA MARUJA MERCADILLERA


Domingo, 11 de mayo de 2014: Vivo por ellas o La Maruja Mercadillera.

Qué hermosa canción de Andrea Bocelli… o interpretada por él, aunque escrita para él por otro señor cuyo nombre no recuerdo (empezaba por G…). Vivo por ella…
Por ellas, vivo yo, mis princesas, las únicas princesas a quienes esta detractora de la monarquía rendiría pleitesía…
Hoy estuve en el mercadillo de segunda mano del Balneario de los Baños del Carmen. Cada vez que  intento hacer algo, por descabellado que pueda parecer, por absurdo que resulte, por desesperado que se intuya… pongo en ello toda mi ilusión, mi energía positiva y mis ganas. Y eso es lo que pierdo. Dinero, también, a veces. Pero, sobre todo, ilusión, energía y ganas. Y empiezo a quedarme vacía…
En dos años y medio, sólo una entrevista de trabajo. Y porque probé a quitar la fecha de nacimiento del currículo. Pero después te ven: es absurdo quitarla. Y las miro a ellas y sé que tengo una buena vida, porque las tengo a ellas, y eso vale más que todo. Pero ellas necesitan un techo, comida, suministros… Y queda el consuelo de los tontos: hay otros peor que nosotras… Consuelo y conformismo. Es lo que nos han enseñado: a conformarnos, para no dar un ruido… Otra vez me he perdido… ¿de qué estaba hablando? Si es que no me puedo desviar, que después pasa lo que pasa…
Pues sí, por descabellado que parezca a un mundo de trabajadores que cobran su nómina a final de mes y pueden, por tanto, hablar de locuras en lugar de hablar de intentos por sacar la cabeza a la superficie para conseguir coger algo de aire… muchas, cada vez más, somos las personas que ya no sabemos a qué recurrir para, al menos, dejar de pedir dinero y favores miles a familiares y amigos…
Los seres humanos deberíamos ser empáticos. Algunos lo son, otros no. Los empresarios y gobernantes de un país deberían ser empáticos. Y no lo son. No hace mucho hablaba con un viejo amigo empresario que daba la razón a cualquier empresario que prescinda de una madre o mujer embarazada, sea despidiéndola o no contratándola. “A mí”, me decía “no me corresponde solucionar esos problemas, le corresponde al Gobierno”. Al margen de mi desacuerdo con tal aseveración, las personas que piensan así no sólo lo usan como excusa para no sentir culpabilidad, sino que siguen votando a un gobierno que jamás solucionará los problemas de los trabajadores porque tal solución pasaría por perjudicar a los empresarios, y entonces perderían sus votos. La pescadilla que se muerde la cola… Y sí, tengo amigos que piensan así y les llamo amigos. Porque yo sí procuro ponerme en su lugar y comprenderles.
A veces me levanto con mucho ánimo, otras mañanas me levanto porque no me queda más remedio… Miro a mi lado y las veo a ellas, durmiendo, ajenas a todo, sin entender de qué va esto de la pobreza… A veces, me siento en la cama y sigo mirándolas un rato… cómo será el mundo mañana… qué más podría hacer vuestra madre… Las pesadillas se han sucedido a lo largo de la noche, de forma recurrente… Y siempre recuerdo a aquel jefe que tuve una vez: “Para tener dinero, hay que tener dinero”. Qué cierto es. Y la miseria sólo atrae mayor miseria… Por muy felices que seamos, vivimos en una sociedad que exige unos gastos mínimos. Y no llegamos, un alto porcentaje de los españoles no llegamos.
Siempre he dicho que no existe la mala suerte, pero, ¿cómo le llamamos a dos coches y los dos averiados justo cuando, después de un año, decides volver a intentarlo en los mercadillos? O mala suerte, o señal en el camino. Y si es una señal para que no me desvíe del camino, que el ente encargado de mandarme la señal sea tan amable de mandarme, también, el mapa, porque no soy Dora la Exploradora y, de momento, no sé qué leches es lo que tengo que ver. Tuve que pedir a mi hermana y mi cuñado que vinieran y fastidiarles el domingo, porque ya había pagado el puesto. Y total, para 25 euros: nueva prueba de que ese maldito mapa existe, aunque igual lo llevo pegado a la espalda y por eso no lo veo. El puesto costó 25 euros, yo vendí 25 euros. Claro que el desgaste emocional, el tiempo de mi familia, lo que Jose se gastó en el almuerzo, no estar con mis niñas… No mereció la pena ni como experiencia.
Imagino que hay personas a quienes les merece la pena ir a los mercadillos, ya que existen y cada vez hay más. Yo he ido a tres, y en ninguno he compensado, siquiera. Pero no voy a negar que voy con ilusión y con expectativas, que no es que vaya arrastrando los pies. Aún soy aquella niña que soñaba con ser escritora, aquella niña que dibujaba sonrisas en el cristal de su realidad inventada para no ver sus sueños desvanecidos por culpa de su realidad vivida… Aún lloro, aún sufro, aún me pierdo… Y esa niña me salva de todo: tira de mí hacia arriba para que mire hacia delante, y no hacia abajo. Esa niña que fui, que sigue estando en mí aunque se esconda… esa niña me empuja por muy cansadas que estén mis piernas, ya, para andar. Y es esa niña la que me llama cobarde y me recuerda que aún puedo, que siempre podré, hasta el último momento, hasta la última exhalación…
Ah, por cierto: que ya sé que la canción de Andrea Bocelli está dedicada a la música, por si alguien ya estaba pensando que soy medio boba… Que sí, que puede que lo sea, pero no por no saber de qué hablan las canciones. Puntoycomaguiónparéntesis.

1 comentario:

  1. De este articulo solo dire, que no digo nada, algun dia si quieres hablamos seriamente, aaa bueno si puedo decir algo, que como trozo de una novela me gusta.

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