sábado, 29 de marzo de 2014

38. DE CAMINO A LOS CINCUENTA


Sábado, 29 de marzo de 2014: De camino a los cincuenta…
No tiene precio darse cuenta de que esa melodía que tanto te gustaba, tan parecida a la Obertura de la Suite número 1 de Bach, que sonaba en algún anuncio de tu infancia, en un carrusel de cuna de tu hija mayor y en otro, casualmente, de tu hija menor, que nadie sabía decirte qué era, es el Preludio del Ave Maria de Gounod, precisamente inspirado en Bach, un Ave Maria que has escuchado en decenas de versiones y con el que incluso has trabajado porque te eriza el vello. Pero captabas la belleza por separado, y te era imposible, como perder las llaves del coche cuando las tienes justamente frente a ti… “¿Dónde he puesto la melodía, dónde la he metido?”. Y en una parte de tu memoria oías el preludio y en otra parte oías el Ave María, y tu cerebro no lograba conectar ambos datos.
Así que llevas toda la noche oyéndola para que tu cerebro deje de segregar lo uno de lo otro. Cerebro: malo, malo, malo.
Y, ya que te pones, decides escribir junto a la ventana, e incluso abrirla, como hacías antes: te sentabas frente a la pantalla, te subías el cuello de la bata y la cerrabas bien, solapa sobre solapa, te soltabas el cabello para cubrir el cuello, y abrías la ventana para poder disfrutar de las luces titilantes que ascienden por el monte como una procesión de plañideras en un sepelio nocturno, del silencio indecente que reina en el lugar apartado al que un día decidiste autoexiliarte para criar a tus hijas, de los caprichos incandescentes de las estrellas, de los deseos que se piden cuando parece que nadie te escucha y sólo te ven los mosquitos. Y anda que no ven bien…
Echas un vistazo a las noticias, aun cuando ya estás saturada de información manipulada ¿Qué fue de la ética periodística? ¿Realmente existió alguna vez o mi mente ingenua y pueril quiso creer que así era, pero siempre fue todo mentira? Y dejas de leer noticias: qué carajo, estoy cumpliendo un día más de un año más, no quiero saber nada del mundo. Por hoy, quiero ignorar al mundo y verme a mí.
Pero yo soy tres.
Te levantas y vas a echar un vistazo: otra vez están en tu cama. A veces piensas que con un estudio hubiera bastado: total, no hay manera de que duerman en su habitación más de dos semanas seguidas… Verlas con las cabecitas juntas, las caritas relajadas, los ojitos cerrados, las manitas lánguidas, la respiración suave, la piel inmaculada, tan seguras y tan tranquilas, te hace sentir TAN grande… Esas niñas que hacen marionetas con calcetines, que compiten por hacerte el mejor dibujo, que cuando no están en el aire están en el suelo, que crispan tus nervios durante segundos y te roban  risas durante horas…
¿Qué soy?
Cuarenta y dos años dan para hacerse esta pregunta muy a menudo, y, sin embargo, yo sólo me la he hecho en los dos últimos años: no QUIÉN soy, eso siempre lo he tenido claro, sino QUÉ soy. Porque si soy lo que tengo, no tengo nada ¿Qué soy? Feliz. Soy lo que parieron hace cuarenta y dos y lo que yo parí en estos siete últimos. Eso soy. Soy el resultado de mi pasado evolucionado hasta mi presente. Soy esa melodía disgregada que no encuentra su preludio hasta que un buen día el cerebro decide que ya es hora de unir el pasado al futuro.
Soy mi infancia: soy el abrazo, figurado o real, de mis hermanas, jugar junto a la chimenea y correr por el campo imaginando ser un Ángel de Charlie, una niña que recoge las flores del suelo en el día del Corpus Christi, la ilusión de los Reyes Magos, saltar sin importarme que se abra la falda de tablas, “aeroplano, aeroplano”, perdonar porque no saben lo que hacen, “estás loca y eres tonta” pero también los besos y los abrazos y rascarme la espalda viendo el Un, Dos, Tres, soy payasita para ellas y decepción para los demás, la alegría de la huerta que llora cuando el sol se pone, feliz de hacer felices, mala memoria para lo malo… Soy todos los amores frustrados, las ilusiones deshechas y también las desechadas, los corazones rotos, las mentiras compasivas, los engaños piadosos, verlo todo y no decir nada, decirlo todo sin ver nada, todo y nada, darlo todo y perder todo y no recibir nada, los amores platónicos, los primeros besos, creer que quieres sin querer, pensar que eso es amor sin saber, dormir y despertar pensando que todo fue un sueño, soñar que todo lo fue cuando la realidad era peor que el sueño no realizado… Soy mis sueños abandonados: actriz, cantautora, escritora, educadora, psicóloga, abogada de causas nobles, orientadora de corazones solitarios, narradora de secretos al aire, misiones imposibles, locuras transitorias porque sólo el loco puede ser feliz… Soy aquello que pude hacer y lo que siguió adelante por otro camino, soy la rubia de la minifalda y soy la maruja de la bata y la talla cuarenta y ocho. Soy el Ave Maria. Ahora mismo, soy el Ave Maria.
Echo de menos el aire gélido enfriándome las ideas a la vez que las aviva, pero este año el invierno se ha ido pronto; a decir verdad, este año ni siquiera ha venido. Al menos, han caído algunas gotas. Todo cambia. Y eso es lo mejor de la vida, se supone: que cambia, la evolución, el desarrollo, el avance… Pero a veces, la evolución involuciona, el avance retrocede y el desarrollo… arrolla.
Desde que cumplí los cuarenta han pasado dos años. En dos años me he quedado sin trabajo y sin posibilidad de trabajar, por lo visto; no paro de enviar currículos para nada; he vuelto a separarme; he desarrollado un tipo de enfermedad que no acaban de diagnosticarme y he engordado 25 kilos; hay días en que no se me ocurre una sola letra que escribir; he dejado de fumar y, por bien que lo lleve, alguna vez añoro tener un cigarrillo en la mano; de la veintena o treintena de analíticas, en tres ocasiones me han roto la vena porque no la encontraban, ayer, otra vez; apenas salgo en bici porque no soporto el dolor de espalda; he desarrollado dos hernias lumbares, se ha acrecentado la escoliosis dorsal y la rectificación cervical ahora ostenta el dudoso honor de ser reconocida como crónica; y con todo ello, me cuesta horrores levantarme del suelo cuando me agacho ¿Y os queréis creer que soy feliz?
Si yo fuera mi trabajo, mi cuerpo, mi dinero o mis pertenencias, ahora mismo no sería nada. Pero como soy la suma de lo que yo fui y lo que otros son para mí, soy una madre, hermana, hija, sobrina y amiga de 42 años feliz, que de vez en cuando llora porque añora, porque adora, porque recuerda o, sencillamente, porque siente.


A  mi  amigo  y  abuelo  de  mis   hijas,  Antonio Lagos Bravo :  FELICIDADES,  hoy  también sería  tu cumpleaños, hoy también ES tu cumpleaños, y los cumplirás en el corazón de tus hijos y en el aire, y tal vez en ese cielo en el que tú creías… y si así es… manda un ángel a contarnos cómo te va por allí.

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