martes, 11 de marzo de 2014

36. CON ALAS QUE NO QUERÍA


Martes, 11 de marzo de 2014: Con alas que no quería.

¿Les suena el nombre de Iraila La Torre? A algunos puede que sí, si son seguidores del programa-concurso La Voz, o si ven canales de Mediaset España. Antes de continuar, aclaro que Iraila La Torre, concursante de La Voz Kids, siempre será ya una niña, “gracias” a una condenada enfermedad que no tiene especial predilección por una edad concreta, ni por un tipo de persona… Ataca a cualquiera, de cualquier edad, haya o no vivido lo suficiente… le quede o no amor por dar… tenga o no tanto aún por vivir… Ya no tendrá que luchar más por su vida, pues le han otorgado sus alas. Seguro que no las pidió, pero es una de las pocas cosas que en este mundo no siempre se puede elegir: cuándo abandonarlo. Y digo en este mundo, aun con el escepticismo propio de quien no cree que haya otro, ni otro mundo ni otra vida ni otro universo paralelo al nuestro… porque es hasta más fácil, cuando llegas a comprenderlo, decir “Se acabó”…
Sin embargo, cuando he leído la noticia, y con los ojos nublados de incomprensión e impotencia, como siempre que oigo o leo acerca de la defunción de un niño, sin pedirlo y sin quererlo me ha llevado mi empatía a calzarme los zapatos de esa madre, a ponerme su vestido, a peinarme como ella… y a sentir su dolor… algo harto difícil, porque nadie en la Tierra será hoy capaz de sentir ese dolor, ESE MISMO dolor… Por ateo que alguien sea, por escéptico, agnóstico, descreído… por fuerza, POR COJONES: es necesario creer en algo si sobrevives a tus hijos. O eso, o mueres con ellos. Necesitas creer que seguirá contigo, que siempre estará a tu lado, de algún modo, con alguna otra forma, como energía, como sea… pero que sigue ahí… como animal, como planta, como otra persona, como aire, como ángel, como sea… pero que sigue ahí… con alas o sin ellas… pero que sigue ahí… que puedes hablarle, tocarle, acunarle, acariciarle, sentirle, lo que sea… pero que sigue ahí…
Al menos, Iraila ha podido cumplir un sueño antes de echar a volar con esas alas que no quería tener ¿Cuántos niños, sin embargo, se van antes de empezar, siquiera, a soñar? Tan injusto…
Y siempre habrá quien diga que esto no es culpa de nadie… porque es mejor pensarlo así…
Y la verdad es que la salud de nuestros hijos, la nuestra y la de toda nuestra familia… es un negocio… No para nosotros, sino para cuatro barrigas demasiado hartas… riqueza mal repartida… Y el dinero destinado a investigación se pierde, o lo que ya está investigado se oculta para no perder beneficios… o lo “demasiado caro” no puede ser para los “demasiado pobres”… Y nuestras vidas y las de nuestros hijos no les importan lo más mínimo, nos guste o no, queramos verlo o prefiramos cerrar los ojos… Somos el último eslabón de esta cadena  alimentaria, y todos comen por encima de nosotros; es más: todos los de encima nos comen a nosotros.
Cuando un niño muere, una familia queda destrozada; y mientras miles de familias quedan destrozadas, una sola familia despilfarra millones que podrían haberse invertido en salvar las vidas de esos niños, en salvar la felicidad de esas familias… Pero un paseo en yate merma el conocimiento, un vuelo en primera afecta a la memoria… Al parecer, el exceso de lujo pudre el alma… que también es una enfermedad, una muy grave, pero cuyas consecuencias no las sufre quien la padece: también las sufrimos los de la base de la pirámide… Cuando me pongo a pensar en cuántas personas hay con el alma podrida… cuántos niños mueren para que ellos puedan operar sus avejentados cuerpos, decorar una y otra vez sus mansiones, pagar cuotas millonarias en clubes de ocio, costear colegios de postín a hijos desmotivados y malcriados… Y que nunca les toque a ellos…
Debería estar prohibido que mueran los niños…

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