martes, 18 de febrero de 2014

33. UNA FOTO DE AGUAMANSA



Sábado, 15 de febrero de 2014: Una foto de Aguamansa.

Dice Pedro Guerra, en una de sus canciones:
“Mi casa está en el mar con siete puertas:
yo ya no vivo allí, pero me esperan
la estrecha inmensidad de las ciudades,
la marca que nos dejan las verdades…”
Imagino que a mí ya no me espera nada allí, pero intenté dejarlo todo empaquetado antes de venirme para que, aunque nada me esperase, tampoco nada se perdiese.
No era mi casa, nunca lo fue: yo necesito espacio para correr. No, no era mi casa; sin embargo, a veces lo parecía.
Por una ventana veía el mar, por la otra la montaña, y, por un agujerito, el fin del mundo.
Hacia adelante y hacia atrás sólo había agua, y desde arriba agua, y desde abajo agua… Tanta agua… Y me agobié. Pero no recuerdo haber tenido nunca amigos como aquéllos, salvo aquéllos.
Todos los días eran fiesta. Los días que no trabajaba, fiesta. Los días que trabajaba, fiesta. Siempre fiesta. Porque cuando no puedes salir de un sitio, es mejor celebrar que llorar. Me empapé de esa tranquilidad, de esa versión a escala del resto del mundo, de esa serenidad del que piensa: “¿Y para qué, las prisas? ¿Dónde voy a ir?”. Me imbuyeron la calma de sus habitantes y el sosiego con que se vivía. Pero volví.
Me fui a Tenerife por impulso: por aquella época era bastante impulsiva. Había pensado pasar el verano en algún lugar alejado, aunque barajaba, como opciones, Inglaterra o Francia, para practicar uno de los dos idiomas que entonces controlaba (el francés ya… como que no…). Pero algo ocurrió, y me atrajo la idea de ir a Tenerife: total, lejos estaba, gimnasios había, y para echar el verano… Tres años. No eché el verano: eché cabeza. No al principio, pero fue donde realmente comencé a madurar. Y estuve tres años.
Volví porque me asfixiaba, porque se me quedaba pequeño, porque la sensación de no tener tierra para seguir podía conmigo. Y, en realidad, ¿cuántas veces he ido más allá de Málaga en los últimos catorce años? Pero juro que no volví porque allí no estuviera a gusto; antes bien, cada día era especial aun cuando fuera el más normal de los días. No había apatía: sólo con sentarme frente al mar junto a un acantilado, ver atardecer en una playa negra, mirar hacia atrás y contemplar los bosques, adivinar sus entrañas cubiertas de musgo, oler, desde la orilla del mar, la tierra húmeda de la parte alta… Creí que debía continuar el camino, y me despedí. Pero no fue porque allí no me sintiese feliz, porque CASI llegué a serlo.
Hoy, uno de aquellos amigos subió una foto de Aguamansa nevada. Aguamansa está a poca distancia de La Orotava, aunque en altitud hay una diferencia considerable. Es poco más que una aldea. Allí murió mi viejo Fiat, a la vuelta de una de nuestras excursiones a Las Cañadas del Teide. Tuvimos que volver en punto muerto, algo no demasiado difícil, dado que la pendiente del pueblo es de un veinte por ciento. Cualquier población de la isla que descanse en el regazo de Las Cañadas, puede presumir de un entorno verde y una atmósfera limpia… y unas cuestas de vértigo.
Contemplar la imagen de Aguamansa helada… la niebla envolviendo la frondosidad del fondo, la nieve cubriendo cada ápice de suelo… El recuerdo de tantos momentos… Todo lo que aprendí, todo lo que quedó, todo lo que fue y lo que fui… Un antes y un después vigilados por el cráter de un volcán pacífico, las aguas de un océano nervioso y la vegetación de unos bosques perdidos en la niebla fantasmal, cubiertos de historias pasadas, desgracias humanas, injustas batallas… bosques con memoria… y si las piedras hablaran…
A veces desaparecía durante unos días, como ahora, como siempre he hecho. Y cuando esto ocurría, en ocasiones subía a pedir a las montañas que me acurrucaran. No me adentraba demasiado: es curioso cómo, en un espacio tan pequeño que puede llegar a resultar agobiante, puede desorientarse tanta gente hasta el punto de perderse y perecer, o desaparecer… Siempre me pareció que, entre aquellos troncos, se ocultaban miles de secretos inconfesables, tal vez otros encantadores, quién sabe… A simple vista, cuando la niebla envolvía los bosques, podías esperar encontrarte con un lobo o con un duende, con una liebre o con un hada, pero cualquiera de ellos podría hablarte, seguro. Son bosques de cuento. Sin embargo, al adentrarte, al conocerlos un poco más, caminar por sendas que sólo algunos lugareños conocen, empiezas a dar con pequeños altares, crucifijos, símbolos, grabados… en rocas, en troncos de árbol, en la tierra… Mágico.
Pero no sólo vinieron a mi memoria la magia de los bosques y el misterio de la niebla en la montaña. Vinieron a mi memoria las risas en los guachinches, el queso y el vino de la tierra, las romerías vestida de maga, tomar el sol cabeza abajo en Playa Jardín, el Lago bajo la calidez del sol contemplando, a la vez, la cumbre nevada allá arriba, jugar al minigolf un domingo por la tarde, los Patos, disfrazarnos en Carnaval, pasear escaleras arriba, las arepas en casa de William, una cerveza en la plaza, el Barranco de Ruíz, los cafés “leche y leche”, merendar en Casa Egon, pasar el día en el sur… agobiarme… el aeropuerto, la música de fondo… decir adiós… y perder todo aquello… mucho antes de volver…
Una imagen de Aguamansa me ha servido de lanzadera hacia tiempos pasados, más de diez años. Y añoro los parajes, los amigos, los momentos, la juventud de mis huesos, de mi piel y de mis ojos…
Sin embargo, mi presente y mi felicidad duermen a cinco metros de mí, mientras escribo estas líneas.
Ellas son el resultado de mis decisiones: no me equivoqué.
Pero siempre os llevaré en mi corazón…

4 comentarios:

  1. Buf.... será verdad eso de que la tristeza, la pena.... la melancolía son buenos acompañantes a la hora de escribir, te has salido amiga, siendo yo ajeno a aquellos dias has llegado a emocionarme.

    Enhorabuena.
    Besos.
    A.

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  2. La melancolía es un filón para los escritores... pero, a veces, preferiría no hallarlo... Gracias, amigo de esta época :-)
    Besotes.

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  3. Como siempre Sorprendente, eres un pozo sin fondo!!

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  4. Gracias, guapa ¿Cómo voy a tener fondo, con los ánimos que me dais? ¡¡¡Así da gusto!!!

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