domingo, 9 de febrero de 2014

31. CUANDO SOBRAN LAS BANDERAS


Imagen tomada por Norman Bethune, 1937, Carretera de Almería
Domingo, 2 de febrero de 2014: Cuando sobran las banderas.

No me gustan las banderas. No me gusta la heráldica… Suelen ocultar siglos de sufrimiento y de opresión… Y, en todo caso, el significado más claro e inmediato: “Eh, que estamos aquí”. Y esa necesidad de llamar la atención tampoco me gusta.
Nos guste o no, de España siempre se dice, y con sobrada razón, que es un país dividido. España ha estado siempre tan dividida que dudo mucho que el hombre de Atapuerca no tuviera algún roce con su vecino de la cueva contigua… Antes de llamarse España, ya era un país dividido. Por el interés estratégico de su ubicación geográfica, por aquí ha pasado hasta el Tate, y hasta el Tate se ha querido anexionar algún pedacito de tierra… Y ni hablemos de imponer la santa voluntad y ostentar el poder… Pero no soy historiadora, no voy a hacer un recorrido por todos los pobladores que han venido a visitar estos amables parajes. Sólo quiero mencionar, y esta vez muy en serio, un hecho concreto de nuestra Historia, un episodio “involutivo”, de la Historia de la España dividida, que afectó directamente a Málaga. Este mes hace 77 años que varios miles de  personas (se desconoce, a ciencia cierta, el número exacto, qué raro…) emprendieron una desesperada huida desde Málaga hacia poblaciones más próximas al litoral del Este, donde aún resistían los republicanos. Se le llama “La Desbandá” (a partir de salir los hechos a la luz, cosa que no ocurrió hasta mediados de los 80…). Si España ha sido siempre “codiciada” como punto estratégico, no digamos ya la costa: las tropas fascistas se aproximaban por todos los flancos, salvo, hasta donde los civiles de Málaga sabían, por la carretera de Almería. Por Marbella, por Coín, por Antequera… les estaban sitiando, y fueron obligados a huir hacia los últimos bastiones republicanos de la costa… donde les aguardaban barcos y aviones fascistas que descargarían, sobre la timorata, inerme e indefensa población civil de todas las edades, ráfagas de fuego y bombas que terminarían con sus sueños de supervivencia en un instante. Niños que perdieron a sus padres, madres que perdieron a sus hijos, hermanos que vieron morir a sus hermanos, familias enteras caídas por sabe dios qué inexplicable razón… el poder de unos cuantos para quienes la vida humana no merece respeto…
Norman Bethune, médico canadiense que documentó, con sus fotografías y sus descripciones, aquel fatídico y cruel acontecimiento, fue quien dio a conocer esta masacre al mundo, pues, por algún motivo, quisieron silenciarla durante mucho tiempo...
Cuando se habla de Guernica o Carretera de Almería, hay quien salta con Paracuellos, y entonces los otros atacan con las fosas comunes, y entonces hablan de los anarquistas y los conventos… Y por eso somos un pueblo dividido, porque somos tan IDIOTAS y tan IGNORANTES, que no nos damos cuenta de que en ninguna guerra, sea de donde sea, mueren ni quienes nos llevan a ella ni sus familiares. Somos tan estúpidos que seguimos discutiendo quién llevaba razón, si un dirigente harto de carne que mandaba morir y matar, o el dirigente del bando contrario igualmente harto de carne que mandaba morir y matar (y negaba armamento a la población), y en ningún caso eran ellos quienes morían, aunque siempre los que mataban.
Como todos, o casi todos, habremos leído alguna que otra vez acerca de aquella vergonzosa mácula bélica de nuestra Historia, sabremos que la Guerra Civil Española del siglo XX arrancó tras el golpe de Estado del frente nacionalista contra la república democrática (electa) del frente popular. Sean cuales sean las excusas que pongan, hoy en día y desde entonces, los seguidores de la derecha, el detonante de aquella guerra estuvo claro: los que habían perdido las elecciones no se conformaban, querían rey y querían Iglesia, querían al Ejército lo más cerca posible del poder, y, según yo lo veo, ansiaban el poder y punto. Francamente, no creo que hubiesen logrado la victoria si hubiesen dado el golpe de Estado cuatro años más tarde, con los fascismos europeos debilitados… pero mi objetivo hoy no es aportar mi opinión sobre “qué hubiera ocurrido si”. De hecho, y aunque esta maruja es partidaria de la libertad de acción sin intimidación ni imposición, el respeto mutuo y el reconocimiento de los derechos como base de la dignidad humana, siempre sin dañar a nadie, no me gusta hablar de política, porque siempre acaba llevando a lo mismo: ¿qué hacemos defendiendo a unos señores a quienes no les importa nada salvo sus propios intereses?, entonces, ahora y, muy probablemente, siempre… Y la izquierda y la derecha son política. Y ésa es la división: izquierda, liberal, republicana y laica, contra derecha, conservadora, monárquica y católica. Y un montón de mindundis, que somos todos nosotros, gritando sin darnos cuenta de que a ELLOS, a los que ostentan o desean ostentar el poder político y económico, sean diestros o siniestros… por siniestros que sean los diestros y diestros que sean los siniestros… les interesa tenernos separados. No creo que haya que olvidar la Historia: JAMÁS deberían olvidarse las atrocidades que se cometieran en éste u otro país. Pero la forma de recordarlo no debería ser fomentar el odio, sino fomentar la comprensión de los hechos: que murieron civiles, gente inocente que no buscó la guerra, que no tenía armas, que ni siquiera entendían a qué podía deberse todo aquello… al margen de ideologías y de partidos políticos, madres, padres, abuelos, niños… personas que pasaron de vivir una vida normal, a vivir un infierno y, en muchos casos, a morir.
Un pueblo unido es un pueblo peligroso. Un pueblo culto es un pueblo que piensa y, por tanto, es un pueblo peligroso. Un pueblo hambriento es un pueblo enfadado, y por tanto  peligroso. Un pueblo aburrido es un pueblo peligroso (puede ponerse a pensar)… Ni me lo he inventado yo ni es algo nuevo: “la unión hace la fuerza” o “divide y vencerás” son máximas que se atribuyen a emperadores chinos y/o romanos como estrategas militares, aunque se aplica también al pueblo; así como se aplica “Dale pan y circo al pueblo, y lo tendrás a tus pies” (atribuida, al parecer, a Nerón), porque mayor verdad universal no puede existir: nos dan sobras, nos dan fútbol, y nos quedamos mansos… y, de cuando en cuando, nos avivan el fuego de viejas rencillas para que nos tiremos de los pelos… Y de esto era de lo que quería hablar.
Cuando era niña, vivía en mi propio mundo, un mundo en el que todos llevaban una margarita detrás de la oreja (el mismo mundo en el que vive ahora mi hija Ángela), supongo que como todos los niños. Según fui estudiando guerras y veía u oía noticias sobre conflictos bélicos aquí y allá, me empezaba a preguntar (insisto: era una niña con una margarita enganchada en la oreja): “¿Y por qué no se juntan los dirigentes y algunos soldados y juegan un partido de fútbol? Así no tiene que morir nadie”, pero claro, ¿qué sabía yo, entonces, acerca de venta de armas, intereses económicos, favores políticos…? Pues lo mismo que mi hija ahora: absolutamente nada. Ni siquiera sabía que, a veces, el fútbol puede ser igual de peligroso que la política… Para mí, todo el mundo era bueno, desde los compañeros de clase hasta los dirigentes de los países, a quienes, pensaba yo, “Seguro que no se les habrá ocurrido aún…”. Hasta que crecí, y comencé a leer más y a ver más documentales, y a darme cuenta de que los hijos de los dirigentes y los estrategas nunca se acercaban al campo de batalla y nunca morían, y ellos tampoco… Y por eso no me gustan las banderas, ni los escudos, ni los partidos políticos, ni los dirigentes de los países, ni la señal de la cruz, ni el día de la Hispanidad, ni el Ejército… No me gusta nada que huela a imposición, manipulación, atentado contra la libertad de pensamiento, corrupción, interés velado… y nada que haya sobrevivido gracias a la muerte ajena; eso es lo que menos me gusta. No digo que yo piense por mí misma: en este mundo es imposible tener una opinión propia y no condicionada, y aunque no quiera dejarme manipular, soy bastante mediocre y no siempre me doy cuenta cuando intentan guiar mi opinión.
Mi opinión acerca de la Desbandá la formé a raíz de algunos libros, tanto de ficción basada en hechos reales como de reproducción de documentos y/o narración de testimonios. No he leído muchos libros completos acerca del tema: sólo terminé de leer los que no echaban tufillo a política, o no demasiado. Aquéllos en los que se menciona, además de las tropelías de las milicias fascistas y el Ejército revolucionario, la traición por parte de los representantes republicanos a sus defensores y a la población civil, a quienes negaron las armas: total, Málaga ya estaba perdida, ¿para qué gastar munición? Ningún dirigente, responsable político o militar o cualquier otra “personalidad” con cierta influencia habría negado un arma a su hijo o a su hermano, pero los hijos de los demás y los hermanos de los demás no importan… en fin, sólo es gente, ¿no?… Tan asesino es el que mata como el que manda a otros que maten por él, y tanto como ellos, el que no ayuda a quien está muriendo… sobre todo por defenderle a él. La población civil de Málaga, al menos la parte de la población civil de Málaga que no tenía influencias de ningún tipo para poder salvar el pellejo, salió hacia el único camino libre, tras la inminente llegada de las tropas de los sublevados a Málaga. La ciudad había resistido durante el primer año, pero no interesaba que continuara en pie; ya habían tomado Granada, y no podían dejar abierta la puerta al Mediterráneo, un importante puerto, un punto neurálgico… donde hallaron la muerte millares de personas tras los primeros bombardeos a la ciudad. En menos de una semana, Málaga estaba en manos de los golpistas, y la población, buscando seguridad, intentó huir por el único camino que creyeron libre: la carretera de Almería, que se convirtió en la trampa donde morirían miles de ellos, una acción bélica de “valientes” militares que, desde buques y aviones, tirotearon a familias indefensas que sólo ansiaban volver a vivir en paz ¿El delito de aquellas familias? Probablemente, haber creído que, tras votar un sistema democrático, todo iría mejor para ellos. Pero, en un mundo dirigido por el dinero, pensar que todos tenemos los mismos derechos por el hecho de ser humanos… es descabellado…
Cuando, en nuestro país, tratamos de hablar de la Guerra Civil, siempre hay alguien que dice que “hay que dejar a los muertos en paz y no abrir viejas heridas”. No lo entiendo ¿Es más cómodo olvidar? El pueblo judío fue masacrado y no permite que el mundo lo olvide. Incluso hay una institución oficial en Jerusalén, el Yad Vashem, que mantiene viva la historia de los millones de inocentes que perdieron la vida a manos del fanatismo y el ansia de poder  de unos cuantos. Conocí una vez a una  gran mujer que había sufrido la retención en un campo de concentración, del que salió con diez años de edad; con casi ochenta años, aún llevaba el número tatuado en su brazo. No quería quitárselo porque era como negar la historia de su familia, muchos de los cuales no tuvieron la misma suerte que ella, como agradecer el haber podido escapar de aquel infierno. Y cualquier persona que vea u oiga algo así, se estremece… pero nuestra propia Historia sí es mejor olvidarla… Nuestra Guerra fue una vergüenza, y supongo que por eso es por lo que muchos quieren olvidarla. Eso, quien sepa algo de ella, porque en el colegio no se estudiaba (y sigue igual). Se ven en profundidad otros episodios bélicos, pero no la Guerra Civil Española. Con suerte, llegas a saber cuándo se inició y quién era Franco (muy de pasada…), pero siempre falta tiempo para estudiarla como es debido… Increíble… Un país donde sobra tiempo para estudiar un catecismo arcaico, obsoleto, inútil y desfasado, pero falta tiempo para estudiar el capítulo más importante de nuestra historia contemporánea…
Increíble… o evidente…
Esta mañana había prevista una marcha conmemorativa. Monté el carrito de senderismo y subí a mis niñas, pero vi demasiadas banderas y demasiados políticos… Una, uno, ya es demasiado para mí en este tipo de acontecimientos ¿Por qué? Cuando una bandera o una figura representan un sentir, tal sentir empieza a dejar de serlo para identificarse más con el símbolo y menos con el sentimiento. Espero se me entienda… Quiero ser libre de no hacer daño, libre para respetar, libre para opinar y oír otras opiniones, libre para dialogar e incluso para discutir, libre para decidir no entrar en ningún grupo o estar en todos, libre para decidir quién me representa… Quiero tener la verdadera libertad, vivir y permitir vivir a otros, no molestar y que no me molesten, no preguntar y que no me pregunten… Y esto no me lo podría dar una bandera ni un grupo político. Esto sólo NOS lo pueden dar la cultura, la información, la verdad… Veritas vos liberabit… Hice la marcha con mis niñas en el carrito y sin bandera ni escudo ni himno, hasta donde se me hizo tarde para continuar, y por el camino fui pensando en las miles de almas que regaron, con su sangre, aquel camino décadas atrás, en qué sentirían al ver los buques en el horizonte, al oír los motores por encima de sus cabezas, qué sentirían al comprobar que aquél iba a ser su último día y sin saber por qué, qué sentirían las madres a cuyos hijos alcanzara el fuego y murieran en sus brazos o, aún peor, en el suelo (los últimos segundos de la vida de tu hijo, sin poder siquiera cogerle la mano…), los niños que de pronto vieran caer a sus padres y madres, los niños… los seres más inocentes de la Tierra, que no entienden de guerras ni de política… ¿qué culpa tienen los niños? Llegué hasta donde se me hizo tarde para continuar… y di las gracias al Universo porque, de momento, mis hijas no hayan tenido que vivir ese horror, sean felices y puedan hacer ese mismo camino sin miedo a recibir un tiro desde el aire o a ser bombardeadas desde el mar.
Y, aun cuando hasta ahora hayamos podido vivir esa buena fortuna, mi corazón se estremece cada vez que imagina aquellos gritos de desesperación, la confusión, el polvo levantado por los miles de pies tratando de huir hacia ningún lugar seguro, los llantos de incomprensión, de dolor, de muerte… los niños cayendo… los niños gritando… los niños llorando… ¿Qué daño podían hacerles los niños…?
Sólo hay un modo de que no se repitan estos patéticos errores: reconocerlos.

Y sólo hay un modo de dejar de ser un país dividido: olvidar las ideologías y abrir los ojos a la realidad. Paz, libertad, verdad y respeto. Buenas noches.

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