lunes, 27 de enero de 2014

29. VAPEAR Y UNA DEMANDA VISTA PARA SENTENCIA


Jueves, 23 de enero de 2014: Vapear y una demanda  vista para sentencia.

Cuando pedimos novedades en nuestra vida, casi todos pensamos en algo grande, positivo y que suponga un cambio radical ¿Cuántas personas se dan cuenta de que cada día se producen novedades en sus vidas? La vida no es estanca, la vida es un ciclo, vivir es una vieja novedad… Crees que tu vida es monótona y aburrida, y un día te levantas y te miras al espejo ¿Cuándo he envejecido tanto? No, tanto no: un poquito más que ayer, porque el tanto lo has envejecido desde que naciste y hasta el día en que caes en la cuenta. Nos hastiamos de todo, incluso en tiempos de bonanza (osaré decir que más, casi…), negándonos el placer de ser felices con lo ínfimo... Aunque nunca he sido especialmente quisquillosa con las novedades de mi vida, sí es cierto que llevo años soñando con una lotería en condiciones… pero la diosa Fortuna me esquiva… no debo de caerle muy bien…
En esta semana se habrán producido innumerables cambios en mi vida  cuyas consecuencias aún ignoro, pero sí han habido dos cambios evidentes: he empezado a vapear como solución antitabaco, y he asistido, por primera vez, a un juzgado como demandada (la otra vez fue como oyente durante lo poco que duré en Derecho). Como demandada no significa, necesariamente, que haya hecho mal a nadie: era el juzgado de familia… Y es que, en tiempos de crisis, quien más y quien menos trata de ampararse en ella para procurarse unos ahorritos, escondiendo las manos bajo la mesa… Pero ya hablaremos después del tema…
Vapear es más agradable que fumar. Sabe mejor, según dicen es menos insano, no hueles a rancio después de un día de exhalaciones profundas, no molestas a los no fumadores… y sobre todo: 1. tus hijas dejarán de decirte que apestas, 2. tus hijas seguirán tu ejemplo y tampoco fumarán, 3. tus hijas dejarán de preguntarte por qué fumas, 4. podrás vapear en cualquier parte sin temor a dañar a tus hijas, y 5. cuando le insistas a la menor de tus hijas para que deje de usar el chupete, la mayor de tus hijas ya no podrá decirte “¿Y por qué le dices a Valeria que tiene que dejar el chupete, si tú no dejas de “tomar” cigarros?”. Touchè…
Es curioso, esto del vapeo: requiere una preparación. A fumar aprendes mirando a los demás, imitando un comportamiento, siguiendo un ejemplo (erróneo, pero un ejemplo, al fin y al cabo)… Coges un cigarrillo, te lo llevas a los labios, le pegas fuego, aspiras y… voilâ!, ya estás haciendo el gilipollas, probablemente para el resto de tu vida.
Vapear es otra historia, esto va por pasos, y si nadie lo impide explicándote correctamente el funcionamiento del e-cigar, alias vapeador, lo más seguro es que te cargues el primero y, con bastante probabilidad, alguno más. El cigarrillo electrónico es más delicado que una flor en verano, por lo menos el económico. Lo tienes que tener siempre en vertical, pues si el líquido entra en la boquilla, te puedes despedir de la batería. Le tienes que cambiar la mecha una vez al mes, y verter el liquidito (propilenglicol y/o glicerina vegetal, con aromas y, en algunos casos, nicotina) es un trabajo de precisión, porque debes evitar, de nuevo, que se moje la batería: yo me pongo bizca… La batería, claro, tiene que estar cargada, aunque a mí me está durando bastante. Y ahora, empieza a vapear: aprietas el botón, inhalas y… ¡¡¡aquí no pasa nada!!!, inhala, inhala, y no sueltes el botón… Ahora sí, ahora le has dado una calada. Puedes vapear como si estuvieses fumándote un cigarrillo y ahogarte en cero coma, o vapear como si estuvieses fumando en pipa, así la cantidad de vapor de agua que llegará a los pulmones no será tan elevada, aunque ni idea de si es mejor o peor que se quede dando vueltas por la boca, el paladar y la garganta… la verdad… El olor del líquido que me traje (me regalaban uno sin nicotina comprando el cigarrillo electrónico que entraba en la oferta, “todoporsólonueveconnoventaguau") me recuerda al tabaco de pipa que fumaba un profesor de inglés de la academia a la que íbamos mi hermana y yo de niñas, en tiempos de Maricastaña, cuando los adultos aún fumaban en habitaciones cerradas llenas de menores de edad y nadie protestaba… pero después nos reprendían si fumábamos los menores… Es un olor dulzón, muy característico, sólo presente, hasta donde yo sé, en artículos para fumadores. Al principio olvidaba apretar el botón; después empecé a apretar el botón dándole la calada al mismo tiempo. Pronto me di cuenta de que hacía un ruidito, como un chasquido, al segundo y medio de tener el botón pulsado, y caí en la cuenta de que, si esperaba a oír el chasquido antes de darle la calada, era más placentero y, sobre todo, más fácil la inhalación. De momento, llevo bien lo de no fumar tabaco. Lo ideal sería no fumar ni vapear, pero tengo esta personalidad adictiva, qué le vamos a hacer (también estoy intentando dejar los cacahuetes…). Aunque nadie puede asegurar aún que el cigarro electrónico sea completamente inocuo, y algunos neumólogos estén en contra de su uso, sí parece acertado afirmar que es menos perjudicial tanto para el fumador como para las personas de su entorno. Sobre vapear en lugares públicos y cerrados aún no se ha dicho nada específico, así que, de momento, le doy el mismo trato que le daba al tabaco.
La última vez que fui a la Ciudad de la Justicia, ni me acordé de sacar todo lo que llevaba en el bolso, entre otras muchas cosas : tijeras por si tengo que cortar una etiqueta que esté molestando a las delicadas pieles de mis hijas; una navajilla multiusos por si hay que cambiar unas pilas, arreglar un juguete, extraer algo de algún lugar donde ese algo se coló “por accidente” u otros imprevistos; un cortaúñas infantil (no sé por qué, considerado un arma blanca, como si pudieses cercenar arterias importantes con algo con lo que apenas sí puedes cortar las uñas de una niña)… Así que, con un tímido “es que soy madre…”, me excusé ante el agente que se partió de risa, literalmente, y me aseguró que custodiaría aquel “arsenal” hasta mi regreso. Para no tener que hacer inventario de nuevo, esta vez dejé el bolso en el coche y me llevé sólo el dni, el móvil y el vapeador. Éste último no lo llevé para usarlo, sino porque, al tener que estar siempre en vertical, lo llevaba metido en el bolsillo superior del abrigo, que da la medida justa para que no acabe tumbado, al menos hasta que adquiera un colgador. Así que me he sentido más estúpida aún que sacando una navajilla, unas tijeras para papel y un cortaúñas: “Si no le importa sujetármelo en vertical, por favor… Es que, si lo dejo en la caja, seguro que se cae y se estropeará…”. Ahora me entran ganas de reír recordando la cara de póker del guardia civil con el vapeador en alto: qué no habrá pensado el hombre… O igual no, igual ya ha tenido que sujetar cientos de cigarrillos electrónicos… o aún estará buscando la cámara oculta… A los pocos minutos de atravesar el arco del control, apareció el letrado que se ocupa de la defensa de mi “caso”…
Cuando era niña, soñaba con ser escritora y actriz, en este orden. Sólo quería ser escritora y actriz, en este orden. Y a los dieciséis, más o menos, aun cuando ya sabía que no podría hacer ni Filología Hispánica ni Arte Dramático porque mis padres, seguros de que hacían lo mejor para mí, se negaron a que eligiera ninguna de esas carreras (“que te morirás de hambre”, como si ahora estuviese nadando en la abundancia…), yo seguía soñando con ser escritora y actriz, en este orden. Antes de comenzar el Curso de Orientación Universitaria (COU) de nuestro ya obsoleto sistema educativo, y después de haberles mencionado otras nueve o diez opciones más entre las cuales no figuraba ninguna que a ellos les gustara, empecé a ver la serie La Ley de Los Ángeles, y creí que el Derecho en España también iba, más o menos, así (y resulta que así no va ni en Estados Unidos, en realidad, pero una niña sólo ve lo que quiere ver…). Había estado medio saliendo con un señor (diez años mayor que yo, que entonces se notaba) que ejercía como abogado, y me pareció una buena opción: ea, sería abogada, y lucharía por causas nobles. Y ya, antes de comenzar la carrera, matriculada y trasladada a la ciudad donde viviría aquel curso (y otros dos más, y aún un cuarto tres años más tarde…), asistí a un juicio como público… y me di cuenta de que aquello no tenía nada que ver con lo que yo había pensado… La carrera vino a corroborarlo: ni punto de comparación… Y si una escritora y una actriz, según mis padres, se mueren de hambre, una abogada de causas nobles… ni te cuento… No quiero ofender a los abogados, porque tengo amigos y amigas que son excelentes personas y excelentes profesionales, pero han de saber separar lo racional de lo emocional tajantemente, y deshacerse de todo lo que huela a emociones. Yo no hubiera sabido hacerlo. Y nunca me gustó la carrera, sólo me gustaban dos asignaturas, Derecho Romano y Economía. El resto… ni aun cuando me las estudiara y me las supiera, podía aprobar los exámenes: era tal el desinterés… No quería defraudar a mis padres, pero era superior a mí misma y, además, era una cría que, al fin y al cabo, sólo y siempre había soñado con ser escritora y actriz, en este orden…
Saludé amablemente al letrado que me había tocado en suerte, pues me subí al carro de la Justicia Gratuita, como es lógico, y le acompañé a hacer lo primero que me llamó la atención: pedir una toga. Tachadme de estúpida, pero no tenía ni idea de que las togas se prestaran en un guardarropas del edificio de Justicia, creí que cada cual tenía la suya. A decir verdad, tampoco es una prenda que requiera un tallaje especial, será más bien estándar, digo yo… El abogado me explicó que en algunos juzgados no las exigen, pero en el que nos tocaba, concretamente, sí. Y así subimos a la primera planta, donde, literalmente, yo no tenía ni idea de qué me encontraría.
Una vez arriba, me fue dando indicaciones de qué tendría que decir si él me preguntaba algo. Sé que la carrera apenas la empecé, que no tengo ni idea de leyes, ni de cómo funciona el Derecho con mayúsculas… pero si a mi me preguntan algo, yo digo la verdad. Y es lo que hay. Esto era una cuestión de si lleva razón quien lleva papeles como para redecorar el juzgado y ni uno dice lo que realmente hay, o la lleva quien, pese a encontrarse en una situación de total indefensión, nunca ha querido meterse en follones y ha preferido siempre callarse. Es más, no era una cuestión de quién llevara razón, sino de si el demandante ha sabido falsear correctamente los documentos. Porque la Justicia, al menos en nuestro país, y eso sí me quedó claro del tiempo que pasé por la facultad, sólo depende de cómo se apliquen las leyes y cómo se interpreten. Y a veces, es más un dos más dos es cuatro y punto, que atender a razones de peso por una parte o por otra. Y no estoy haciendo crítica alguna: si, en nuestro país, los juicios se celebraran, por defecto, con figura de jurado de por medio, esto sería una feria de injusticias, porque aquí no hay perro que no se deje llevar por su dueño, y cada día más… aun cuando queramos pensar por nosotros mismos, si a tres minutos de un delito te ponen una foto del supuesto delincuente, ni presunción de inocencia ni boquerones en vinagre: le convertimos en el mayor cabrón de la Historia sin plantearnos siquiera si nos estamos equivocando, cuanto menos si alguien quiere que pensemos que eso es así, por el motivo que sea. Así que, fuera lo que fuese lo que me pudiesen preguntar, si es que me preguntaban algo, como no tengo nada que ocultar, no tenía nada que preparar. De todos modos, nadie me preguntó nada, y aunque yo hable por los codos, ya he aprendido cuándo hacerlo. Y si la otra parte está mintiendo o diciendo la verdad, es algo que no me corresponde demostrar, porque no soy tan miserable como dicha parte. Es cierto que la verdad nos hace libres, pero no ante todos los ojos ni pese a todo. Y mi verdad, con respecto a este tema, es la de siempre: yo no busco problemas; no te permitiré que me los causes, pero yo no los busco. Ignoro si la resolución será lo que él buscaba o, por el contrario, me habrá hecho perder mucho tiempo para nada, aun cuando nos beneficiase, pero como de todo hay que sacar algo positivo, al menos ya sé que los pequeños juicios se celebran a lado y lado de una gran mesa, juez y fiscal frente a abogados y partes, con o sin toga en función de jueza o juez que toque, los abogados hacen alegatos finales (pensé que era algo de serie norteamericana, y resulta que eso sí que lo hacen aquí también), te orientan sobre lo que tienes que decir aunque después no hables… y que el ejercicio de la abogacía está fatal ahora mismo porque “ha ido perdiendo prestigio y ya cualquier abogado trabaja por cuatro perras”… Es que me gusta preguntar y enterarme de todo… También extraje mi propia conclusión de mi visita a los juzgados: en los pasillos hace un calor del carajo, la calefacción está demasiado alta, y sin embargo en un colegio público, tiene que llevarse una estufa la maestra para que los niños no se pelen de frío… ¿Justo? A mí no me lo parece…
Dos cambios radicales en mi vida en esta semana, pues: he dejado de fumar y ahora sé que mi vida tampoco hubiera sido mucho más emocionante si hubiese acabado la carrera…

2 comentarios:

  1. Vapear.... jajajaja.... ahora entiendo un comentario tuyo que he leido por ahí.... Pues felicidades por tu decisión de dejar de fumar, y ánimo, si yo lo he conseguido tú también, qué leches!!!!. Besos rubia, a ver si te veo vapear un día de estos, más pronto que tarde. A.

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  2. ¡¡¡Seis días, Antonio, seis días ya sin fumar!!! Lo que no consigan mis bichos... Pues nada, ya me dirá usté cuándo tiene un rato libre ;-)

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