viernes, 10 de enero de 2014

26. CANCIÓN TRISTE



Jueves, 9 de Enero de 2014: Canción Triste

Muchas veces me he preguntado por qué se van los buenos y se quedan los malos ¿No es sabia, la Naturaleza? Y hoy lo he comprendido.
La muerte sólo tiene sentido cuando lo ha tenido la vida, y la vida de una persona buena siempre tiene sentido, y da sentido a su muerte si ha sabido ser feliz y hacer felices a quienes le rodeaban.
Hace años, me hacía gracia aquello de “Qué bueno era, el pobre”, frase tan oída, sobre todo entre las personas mayores, acerca de cualquier difunto, así hubiese sido el mayor hijo de puta sobre la faz de la Tierra, por aquello de no hablar mal de los muertos. Pero en este caso es completamente cierto.
Antonio Lagos Bravo era una gran persona, y su muerte me ha dolido mucho.
La vida sencilla suele ser interpretada como vida aburrida, vida triste, vida desperdiciada… Antonio era una persona muy, muy sencilla. Sólo necesitaba unas cuantas cosas para ser feliz: comer, dormir, ayudar y a su familia. Y así, era feliz, el ser más feliz del mundo, sin hacer daño a nadie y tratando de ayudar a quienes le rodeaban en cualquier cosa, ya fuese a la comunidad de vecinos, a sus hijos, o a desconocidos. No se aburría, era un hombre muy alegre y no desperdició su vida en absoluto.
Creía en Dios, y esta vez, por respeto a él, lo escribiré en mayúscula. Y respetaba a quien no pensaba como él. Tenía nueve nietos, pero una vez le dije: “Con nueve nietos, ya lo creo que lo tienes que saber”, y él me respondió: “No tengo nueve, tengo diez. Ángela también es mi nieta”. Ayudaba como podía a sus cinco hijos y a sus diez nietos. Cuidó, con su esposa Isabel, de Valeria durante casi medio año, porque no teníamos plaza en la guardería. Bailaba con ella, le daba el biberón, le cantaba, jugaban… y cuando la dejaba, cada mañana, ante el portal del edificio con su abuelo, le echaba los brazos y le sonreía, porque él se lo había ganado. Y eso es mucho para un abuelo, aunque tenga mil nietos.
Le gustaba trabajar el campo cada vez que podía acercarse a su pueblo natal. Tal vez, a ciertas edades, el trabajo duro y el esfuerzo más allá de la fuerza vital empeore la salud de una persona; pero, ¿para qué queremos la salud si no sabemos disfrutar de la vida a nuestra manera? ¿Para qué la salud, cuando nos embarga la tristeza de no poder hacer lo que nos gusta?
Disfrutar de la vida no es, simplemente, tenerla, sino saber aprovecharla en aquello que nos haga sentir dichosos. Dudo que el abuelo Antonio fuese infeliz. Lo dudo mucho. Y no había más que verle la cara cuando estaba rodeado de sus nietos.
Mañana quedará, su cuerpo sin energía, dormido para siempre dentro de un nicho. Su recuerdo, vivo para siempre en la memoria y el corazón de cuantos le conocimos y le tratamos.
Si, como él creía, existe un Cielo, espero que, en su parcela, haya un olivo, mucho pan, algún palillo de dientes y alguien a quien ayudar, y, sobre todo, una ventana con vistas a la Tierra desde la que pueda ver crecer a sus nietos.
Aunque sólo pasé por tu vida los últimos años, te aseguro que nunca te olvidaré. Me alegro de haberte conocido, y de que seas el abuelo de mis hijas.
Hasta siempre, Antonio. 


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