sábado, 4 de enero de 2014

25. FELIZ AÑO NUEVO


Miércoles, 1 de Enero de 2014: Feliz Año Nuevo.

Mientras esperábamos a las campanadas, salí a la terraza del apartamento de mi hermana a fumar un cigarrillo. Cerré la puerta de cristal y observé el interior, mi familia en el salón, riendo y disfrutando. Me vi a mí misma como una de esas niñas pobres protagonistas de películas de Navidad ñoñas de los años 50, mirando a través del cristal al interior de un hogar cálido donde todos ríen y celebran. Me sentí feliz, muy feliz. Estaba con mis hermanas y mis hijas, los seres más importantes de mi vida…
Un año es una sucesión de días, y un día es una sucesión de horas, y una hora es una sucesión de minutos… y así… sucesivamente. Un año es tiempo objetivo, tiempo contabilizado. Las experiencias que ocurren a lo largo de la vida, tiempo subjetivo… Cada día comienza un año nuevo, en realidad. Cada día amanece y cada día volvemos a tener la oportunidad de alcanzar grandes logros. Yo alcancé mis dos logros más importantes el 15 de marzo de 2007 y el 10 de agosto de 2010 (en tiempo objetivo), y llevo miles de experiencias vividas con ellas que me hacen sentir el tiempo como algo eterno y maravilloso, aunque haya veces en que el estrés me absorba (problema mío: tengo que seguir mejorando). Sé que hay quien ve a las madres como mujeres aburridas, cansadas, conformistas… Pero ellas han sido mis dos mayores logros en la vida, nunca me cansaré de decirlo. Y no concibo comenzar un año objetivo sin ellas, al menos así siento ahora mismo, aunque sé que llegará el día en que deba dejarlas comenzar el año apartadas de mi lado. Llevaba algún tiempo sin comenzarlo con mis hermanas, quienes, tal como mis hijas me aportan todo lo emocionalmente necesario para ser feliz, supusieron mi sustento durante gran parte de mi vida. Y siguen estando ahí, en mi vida y en mi corazón, en mis recuerdos como niñas y en todo momento como adultas. Y, mientras miraba a través del cristal, confirmé algo que siempre supe: la importancia de tener hermanas.
Estamos en casa de la tita Elena y el tito Daniel, y están alteradas como conejos amenazados por cazadores. Anoche nos vestimos “de fiesta” para las niñas. Si te has pasado media vida de marcha, de juerga, de copas y haciendo lo que te salía del alma, llega un momento, ya con cierta edad, en que agradeces la tranquilidad, la compañía de la familia y el calorcito de una estufa o, con suerte, una chimenea. Vestirte de gala, ponerte tacones, maquillarte… se convierte en un suplicio innecesario, sobre todo cuando el objetivo es salir a la calle a pasar un frío horrible para estar con personas con quienes puedes estar cualquier otro día pero más abrigadita y con menos sueño. Hace años que ni se me pasa por la imaginación salir un 31 de diciembre por la noche, y las últimas Nocheviejas las recuerdo en pijama. Sin embargo, a mis hijas les hacía ilusión vernos “elegantes” (el concepto de elegancia de una niña de siete años es muy distinto del que podamos tener los mayores). Mi hermana Alicia incluso trepó a unos tacones, yo sólo me cambié el jersey por un top de tirantes con lentejuelas, del año de la polca pero, como es bien ancho, sin problemas. El tito Daniel se puso una camisa y se colocó la chapela para rendir honores a su tierra. Mi hermana Elena salió de punta en blanco con ese estilo que sólo ella sabe llevar con elegancia (yo, con lo mismo, “pá que me maten”…). A mis niñas las vestí de riguroso negro como su madre: es uno de los colores (o la ausencia de color) con mayor presencia en nuestros cajones. Dimos cuenta de los suculentos manjares que prepararon mis hermanas y mi cuñado y las niñas no pararon de moverse, meterse bajo la mesa, saltar… Daniel y Elena habían pasado la Nochebuena en Donosti, y el Olentzero (algo así como un Papá Noël vasco, y mis disculpas a mi cuñado si no lo he explicado correctamente…) les trajo un regalo a las niñas a través del tito y la tita: dos juegos de mesa infantiles y el Sing It en español para la Wii. Con este último hubo un pequeño malentendido cuando mi hermana me llamó por teléfono para preguntarme: yo entendí que era el Sing It de Disney con canciones en español. No obstante, por ver a mi hermana y a Daniel cantando a dúo una “canción” de El Tijeraso… mereció la pena la confusión.
Ángela iba perdiendo los nervios según se iba acercando la hora de las campanadas, con sus lacasitos preparados (no le gustan las uvas: qué raro…), y Valeria intentaba comerse las uvas, sin que la viéramos, antes de las doce (a ella le encantan las “uguitas”). Ya hacía dos años que ni siquiera seguía la tradición, y anoche disfruté como una cría durante esos doce segundos. Y durante todo el día y la noche, hasta la hora de dormir. Incluso nos pusimos antifaces y pelucas brillantes…

Hoy iremos a almorzar a casa de mis padres para felicitar el año y que mi madre esté un rato con las niñas. En principio, nos íbamos esta tarde, pero nos quedaremos hasta mañana. Me he levantado con un dolor de espalda de campeonato: toca lluvia. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario