martes, 3 de septiembre de 2013

15. CICATRICES


Martes, 20 de agosto de 2013: Cicatrices.


El tiempo cura las heridas… Eso dicen, pero no es verdad.
Hay heridas que no paran de sangrar. Heridas que nadie conoce, dolores que nadie imagina, profundas e imposibles de curar. Heridas que el tiempo podrá desinfectar, cauterizar, cicatrizar… pero nunca curar.
El dolor es el sentimiento más egoísta que existe, porque no se comparte con nadie. Sé que es una frase hecha, cuando un visitante acude a un sepelio y busca a los familiares del difunto para recordarles que no están solos en su dolor: te acompaño en el sentimiento. No es cierto: nadie puede acompañarnos en ese viaje al sufrimiento. Por eso yo prefiero decir: “¿Cómo te encuentras?”, pues aunque conozca la respuesta, daré pie a que esa persona hable y desahogue su alma por un instante, un instante fugaz e insignificante… algo es algo… Sin embargo, si digo “Te acompaño en el sentimiento”, miento, miento y aunque quisiera hacerlo cierto nunca lo sería ¿Cómo voy a sentir tanto dolor como un hijo que ha perdido a su madre, un padre que ha perdido a su hija, un hermano que ha perdido a su hermana…? Yo no puedo sentir lo que no me ocurre a mí. Puedo entenderlo, puede apenarme, pero no puedo SENTIR el dolor ajeno, como los demás no pueden sentir el mío, pues aun cuando me sea posible ponerme en tu piel, nunca será MI piel.
El dolor es el único momento de egoísmo que se permiten un padre o una madre que quieren a sus hijos con toda su alma. Ante el dolor somos tan egoístas, que preferimos que lo sientan ellos por nuestra muerte a sentir nosotros el dolor, el horror de sobrevivirles. Preferimos que les duela a ellos, aun cuando pasamos toda la vida intentando que no sufran.
A veces provocamos dolor sin saberlo. Cuando dices “Te quiero” a alguien, no estás diciendo “Siempre te querré, nunca dejaré de quererte, siempre tendrás mi corazón”… Sólo estás diciendo “Te quiero ahora, en este momento, pero esto puede cambiar de un día para otro”. Sin embargo es habitual que la interpretación se haga según convenga, y no con realismo y objetividad. El receptor del mensaje puede sufrir un dolor indescriptible por haber hecho una interpretación demasiado extensa de las palabras emitidas… Pero, ¿quién explica el significado de “Te quiero” en el momento de decirlo?
Nos duelen las palabras, nos duelen los actos, nos duelen los acontecimientos, nos duele la vida… porque vivir duele y hace feliz a partes iguales, o no iguales pero similares… Por la felicidad, no nos preguntamos; por el dolor… ése no lo quiere nadie, y la primera duda es ¿Por qué a mí? Sin embargo, cuando algo nos hace felices no decimos ¿Y no le podría haber tocado a otro? El dolor es tan egoísta que no nos comparte con nadie,  y nos hace tan egoístas que, al verlo llegar, intentamos que se vaya hacia otro lado sin importarnos que otros sufran.


Cicatrices que nunca desaparecen… la del niño que pierde a su madre… la de la madre que pierde a un hijo… la de quien se vio obligado a hacer algo sin querer hacerlo… los insultos y los golpes de quien más habría de quererte… la pasividad de quien lo ve… a veces, la del amor no correspondido… pero, francamente, esto último me parece una nimiedad cuando hay tanto dolor en el mundo…

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