martes, 6 de agosto de 2013

LOS RECUERDOS OLVIDADOS (CUARTA PARTE)


Durante mucho tiempo has creído recordar en blanco y negro. Sin embargo…

Ya habían vuelto tus recuerdos en color, los recuerdos de Aquel Colegio iban resucitando, los buenos recuerdos. Aún ignoras cuál es la asignatura pendiente que los desteñía, los confundía y los aniquilaba. Ya volverá, supones, o no. De momento, has descubierto esos momentos maravillosos, y que tal vez tu anclaje al pasado no fuera por culpa de la asignatura pendiente, sino a causa de las asignaturas aprobadas.
Otra vez has vuelto al tiempo pretérito… y, durante unas horas, volviste a tener diecisiete años, has reído como entonces, con la misma inocencia de entonces, con la misma ingenuidad…
Tal vez fuera eso, tu ingenuidad…
Pero volviste a reír.
En Aquel Colegio os divertíais a diario. Has recordado que te gustaba ir a Aquel Colegio. Te  gustaba ver a tus amigos, compartir con ellos todas aquellas aventuras que hoy son anécdotas de adolescentes. Las imágenes borrosas y oscuras han ido desapareciendo y han dado paso a imágenes nítidas de viajes, excursiones, celebraciones… Es como un montaje en vídeo: ora llegan unas, ora llegan otras, voces y música alternándose, algún que otro momento de vergüenza, dolor, alguna lágrima, pero, sobre todo, risas, imágenes alegres…
Sin embargo, en cada situación feliz hay una nube negra, cargada de agua, humedad que generará una tormenta eléctrica, estruendosa, terrible… acechando en algún punto de la atmósfera, esperando su momento para aproximarse, el instante perfecto para poder entrar en contacto con la tierra…
Recuerdos del pasado se entremezclan con recuerdos del hoy. Tal vez hubiera sido mejor dejarlo todo como estaba… Cuando cambias la decoración de la casa, no encuentras nada: ya te habías acostumbrado a la antigua disposición…
Y cuando una es poco pero dos son demasiado, es que algo no funciona. O todo funciona como siempre. Y todo vuelve al principio o todo se precipita de nuevo hacia el final. Y tú, como siempre, te sientas a fumar un cigarrillo para observar qué ocurrirá.

Y decides que tal vez ya haya llegado la hora de cerrar el libro… o no… O tal vez ya haya llegado la hora de empezar a escribirlo…

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