martes, 20 de agosto de 2013

14. SOLUCIONES


Lunes, 19 de Agosto de 2013: Soluciones.

Uno de estos días, siento a las niñas en el coche, cojo tres trapos y nos vamos a vivir a una cueva como El Tempranillo. Porque el sistema hace aguas por todos lados.
Me levanto temprano para ir al endocrino. Además, el perito tiene que venir a evaluar los desperfectos del casetón para que la aseguradora responda. La endocrina me dice lo mismo de siempre. El perito me dice lo mismo de siempre. Y yo sigo obesa, con humedades por toda la casa y sin posibilidad de reparar ni lo primero ni lo segundo.
La endocrina me pregunta veinte veces si habitualmente como pan. No, ni pan, ni alcohol, ni grasas, ni dulces… Habitualmente como lechuga y tomate. Ocasionalmente, sí. Pero no, ocasionalmente no es motivo para estar treinta kilos por encima de tu peso: no me digas… Pues ya no tienes problemas de tiroides: otra novedad… Al menos, ha solicitado una analítica más completa y una ecografía cervical. Y hablaba en cristiano, que, en una consulta de la Seguridad Social, es de agradecer. Pero parecía el día de la marmota: no sé cuántas veces me han preguntado ya lo mismo y he contado lo mismo desde el mes de marzo. Y el consejo estrella: deberías practicar natación. Sí, pero no me puedo permitir pagar un gimnasio ahora mismo. Bueno, en la playa. Sí, con las niñas metidas en una barquita enganchada al tobillo… No, ésta no es mi respuesta a quien me dice que nade en el mar. Pongo cara de “Simplemente, no puedo”, y punto pelota, no me gusta ser descortés con alguien que sólo trata de darme las mismas soluciones de siempre.
El perito me pregunta cuántos años tiene la casa, cuándo comenzó a salir la humedad (la humedad, hace tres años; los caños de agua por las paredes, afortunadamente, sólo desde el invierno pasado y rezando estoy, pese a ser atea, para que no llueva el próximo), y le explico que no se ha dado parte antes porque todos los vecinos dimos parte al seguro de la comunidad, pero éste no hizo nada, y el antiguo administrador también está denunciado, y blablablá… Otra vez el día de la marmota. Y, total, para que me diga que el seguro no lo va a cubrir porque son defectos de construcción y, desde no sé cuándo, las aseguradoras no los cubren. Así que, algo que ya sabía: si mi casa se quema, no hay seguro que me lo cubra porque igual la constructora tendría que haber empleado ladrillos ignífugos… Por más que me lo expliquen, y aunque lo acate, no lo entiendo, no entiendo que incremente el precio de los seguros de forma inversamente proporcional a la cobertura de los mismos: antes, el seguro lo cubría todo y después lo reclamaba, la aseguradora particular, a la aseguradora del responsable, se tratase de quien se tratase. Desde no sé cuándo (la fecha no se me ha quedado), aquí cada palo que aguante su vela. Porque la normativa siempre cambia según le convenga al que asegura. Así que me veo sellando los desperfectos con los cromos repes de mis hijas untados en laca de uñas para que este invierno no pase el agua, o le alquilaré el piso a una familia de patos… Lo que está claro es que la reparación no va a poder salir de mi bolsillo, porque dudo mucho que algún profesional acepte pago en pelusas… Pero, para animarme, el hombre ha contado una hermosa historia de todo lo que habría que gastarse en la obra del suelo de la azotea y el casetón para evitar que el agua entre, según la nueva normativa (pensada, al parecer, para ricos). O sea, le ha enseñado el pan al pobre y ha vuelto a guardarlo en la bolsa. Y tengo claro que, de esa bolsa, no va a volver a salir el pan. Medio indignada, le he dicho que asumiré la inundación porque carezco de medios suficientes para llevar a cabo la reparación por mi cuenta, y el pobretico, movido por el espíritu solidario de todos los peritos de seguros (con todos mis respetos y excusas de antemano) me ha dado otra solución, prácticamente un remedio casero: un parcheo de caucho que tendría que volver a dar el próximo año, y al otro, y al otro… per secula seculorum... Desde luego, así solucionaría también el problema de los resbalones, tanto que igual, en lugar de resbalar, nos quedaríamos pegadas al suelo en los días de terral. Pero, para qué vamos a ser negativas, ¿no?, también hay quien vive en una choza, y no se muere… claro que tampoco paga un seguro a precio de estiramiento facial de celebrity para que después le manden donde picó el pollo. Y, por si acaso, te dicen aquello de “Pero ni tu seguro, ni ningún otro seguro”. Pues ya tengo deberes de aquí a la próxima renovación: buscar una aseguradora que SÍ lo cubra.
Igual por eso me ha dado por pintar piedras y tazas con las niñas: que se vayan enseñando, porque sesenta y cinco metros cuadrados de suelo no voy a poder impermeabilizarlos yo sola… Aunque, bien mirado, mato dos pájaros de un tiro: impermeabilizo la azotea y me quedo hecha una sílfide del esfuerzo físico que me va a suponer.

Ale, Maruja, ¿no querías soluciones? 

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