jueves, 4 de julio de 2013

LOS RECUERDOS OLVIDADOS (TERCERA PARTE)


Estoy en blanco.
Llevo así varios días: me siento ante el ordenador, y no se me ocurre nada que escribir. O sí, pero no me convence.
Hoy de nuevo di un salto en el tiempo; hacia atrás, claro está, porque ni soy Julio Verne ni creo que sea posible conocer algo más que lo que se va viviendo a diario. A veces, recordar no es tan sencillo. Y no me refiero a saber dónde demonios están las llaves o dónde viste, por última vez, las zapatillas que tu hija pequeña esconde continuamente porque no le gusta ponérselas. Me refiero a recordar a personas, cómo eran, incluso ponerles cara… A veces es complicado mirar atrás, porque no encuentras esas llaves…
Ya he hablado de Aquel Colegio.
Había en Aquel Colegio  un chico, a quien llamaremos RY, porque siempre procuro no mencionar nombres de humanos vivos (omisión diplomática). RY distaba mucho de entrar en el círculo de los exclusivos, en el de los simples, en el de los alegres… y en cualquier círculo. Recuerdo a RY, o lo he recordado hoy, después de veintitantos años, como a un chaval silencioso, atento a todo y pendiente de nada, distraído de las costumbres sociales, asqueado de los convencionalismos, o al menos era la imagen que daba. Ni siquiera se sentaba correctamente en clase. Sin embargo, no se podía decir que necesitase llamar la atención. Antes bien, era una de esas personas que no quieren nada con nadie ni que nadie les mire, que no comprenden por qué llaman la atención porque da por hecho que nadie debería molestarse en mirarle, una de esas personas idealistas que creen firmemente que cada cual debe ir a la suya sin preocuparse por las vidas de los demás. O sea, como yo; sólo que él era más tímido y más retraído, y yo era unas castañuelas andantes, que es lo que he sido toda mi vida, contra todo pronóstico. Le podían fastidiar los mismos “inconvenientes” humanos, pero yo no lo manifestaba, porque intentaba comprender a todo el mundo, y él daba abiertas muestras de ello, porque parecía sobrarle ese mismo mundo.
Hoy le he recordado porque se mencionó a otras personas, otros sinpenanigloria de aquellos años, y me acordé de él. Así, de golpe. Golpe. Los golpes de voz de los profesores sobre su persona: “¡¡¡RY, ¿quieres sentarte como es debido de una pppp vez?!!!”. Aunque en aquel colegio había padres que protestaban si se les piaba a sus niños, había otros que parecían no tener nada que ver con sus hijos, como si les hubiesen tocado en un rasca y gana. Y también había profesores cuyos métodos, si bien no eran violentos, tampoco se puede decir que pertenecieran a la “nueva escuela”: la letra no entraba con sangre, pero los gritos se oían desde Pernambuco… Y a RY, que no era niño de normas, le tenían enfilado. Yo le consideraba uno de los más inteligentes, así, con todas las letras. Tal vez su expediente académico no rezara ese rosario, pero él pensaba por sí mismo, y sólo con esto ya quedaba bien demostrado su coeficiente.
Hoy he recordado que un día le vi llorar. Lloraba con los nervios de punta, llanto histérico. Desde mi actual punto de vista de persona adulta, creo que aquel chaval tenía ansiedad. Viene a mi memoria un vago recuerdo de algunos comentarios sobre la constante ausencia de su padre, o algo similar. Es uno de esos recuerdos difíciles, una información que debe de andar por ahí, en algún rincón de mi desvencijada memoria, un archivo que está detrás de otro archivo, metido en una carpeta A-Z sin clasificar… Nada, no recuerdo cuál era su problema familiar. Pero sé que lo tenía. No debo especular porque la memoria también es traicionera y a lo mejor acabo recordando una especulación del pasado, es decir, elucubrar entonces y recordar ahora aquella suposición mía creyéndola un recuerdo real… Mejor dejarlo así.
Allende sus posibles problemas familiares, RY no encajaba.
Como a un delincuente peligroso, le tenían amenazado con una perpetua en un internado, una sin fianza en un correccional… Se ve que el chico no entendía por qué la habían tomado con él, si nunca hablaba, no protestaba, no reprochaba… ¡la mitad de los días ni siquiera asistía a clase! Imagino que se preguntaría por qué trataban de oprimirle por pensar de manera diferente… En más de una ocasión vi a un profesor, que aunque fuese uno de mis favoritos no era precisamente por su simpatía ni por su capacidad pedagógica, aproximarse despacio a él para acabar dándole una patada a su pupitre acompañada de un grito descomunal al llegar al fondo de la clase, que era donde RY solía sentarse. Por no molestar, por no llamar la atención, por no incomodar… Hiciera lo que hiciese u omitiera lo que omitiese, ignoro por qué, siempre acababa siendo El Malvado RY para los profesores, el antihéroe, el villano… Si sonreía, malo, porque se estaba riendo de ellos. Si no sonreía, malo, porque estaba pasando de ellos. Si medio sonreía, malo, porque vaya usté a saber qué andaría pensando… Y, la verdad, lo poco que recuerdo de él… es bueno. Había otros que no paraban de abrir sus tontas bocazas para incordiar; pero ésos eran del Clan de los Intocables, con sus marcas repartidas sin discreción, sus pantalones pesqueros, sus palos metidos por el… Om, todos cambiamos, om, hoy son adultos, om om ommmmmm… Y la cuestión es que, ahora que lo recuerdo, RY era como ellos, pero no pertenecía a su Clan… Este “olvidado” me está provocando cefalea.
No era un niño mimado. No criticaba ni insultaba a nadie. Creo recordar… aunque es otro de esos recuerdos difíciles… que un día se metió en una pelea con uno de los niños mipapaesmillonario del Clan de los Intocables… pero no lo recuerdo bien… Da igual. Estoy segura de que, si le hubiesen apalizado, se habría llevado una bronca por ponerse en el camino de los puñetazos de los agresores. RY era un chivo expiatorio, un blanco perfecto. Era como esas sombras con diana a las que acribillan los polis en las salas de tiro de las series americanas. O como el mayordomo: siempre había sido él. Como ya me vino a la memoria en otros recuerdos olvidados, en Aquel Colegio había niños que, si oían a un profesor decirles Pío, corrían a contárselo a sus papás y ese profesor era llamado al “orden”. A mí me podían decir Pío, Mú, Guau, Bee… que mis padres siempre me decían “Sus razones tendrán”, “Algo habrás hecho” o alguna otra observación que me retuviera en el banquillo del acusado. Aunque no solían ladrarme; normalmente, no merecía ni una llamada de atención. Para mí, la aceptación de los profesores era importante, me gustaba aprender y ellos podían enseñarme. Con las limitaciones propias de una adolescente boba, yo era una buena estudiante.
Me daba mucha pena RY. Siempre me fijaba en las causas perdidas, y el día que le vi llorar sentí un tremendo pesar. Creo que él no entendía por qué aquel manojillo de selectos profesores le tenía tanta manía. Ahora creo que aquel chaval tenía ansiedad, de veras lo creo. Poco más recuerdo de él, sólo su mirada de perrito abandonado, las manos en los bolsillos, no sé si buscando en ellos algo más que dinero y pelusas: calor, comprensión, cercanía, amistad… o algo más que no hubiera en su vida… Aunque viene a mi memoria otro recuerdo difuso… En Aquel Colegio había muchos chavales que siempre llevaban las manos en los bolsillos…
RY, como tantos otros, como todos nosotros, ya es una persona adulta. Le perdí la pista entonces y no he vuelto a saber de él. Estoy casi segura de que sigue siendo contestatario, rebelde y reservado. No sé si tendrá hijos, mascota o ambas cosas, si habrá triunfado, prosperado, se habrá estancado… No sé nada de él, pero espero que continúe vivo y haya olvidado sus recuerdos complicados, y a las personas que los fabricaron. Y estoy segura de que él ni se acuerda de mí.
Algún día tendría que escribir todo esto…

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