jueves, 4 de julio de 2013

LOS RECUERDOS OLVIDADOS (SEGUNDA PARTE)


¿Qué ocurre cuando llevas años sin ver a niños que hoy en día son adultos, y vuelves a saber de ellos? Pues que te desplazas veintitantos años hacia atrás en el túnel del tiempo,
y de nuevo te ves con el uniforme, y a todos aquellos niños y niñas, con las mismas caras, los mismos comportamientos... Veinticinco años no son dos ni tres: son dos décadas y un lustro, tiempo suficiente para que la vida te pase por alto y te vapulee. El camino que cada uno de esos niños y niñas haya recorrido es un misterio para ti, cómo les haya ido, cómo hayan evolucionado... Y todos evolucionamos.
No es momento (ni lo será nunca) de mencionar nombres. No solemos vivir una vida lineal. Pocas personas olvidan, muchas menos perdonan. Lo primero no siempre es negativo. Lo segundo, casi siempre lo es. No olvidar no es guardar rencor. No olvidar te permite rejuvenecer cuando te enganchas al pasado, bien sea a través de una canción, de una conversación, de una palabra... No olvidar es necesario para saber quién eres y de dónde vienes. A veces, incluso, hacia dónde vas o hacia dónde deberías ir. No perdonar... no perdonar es dañino, y no marca tu camino: marca tu destrucción.
Como decía Serrat, el tiempo pasa, y nos vamos haciendo viejos... Pero un día recibes un mensaje, y vuelves atrás, y lo ves todo como entonces. Pero en tu memoria todo son proyecciones del pasado. Las personas ya no son ese "entonces", sino un "ahora" que desconoces casi por completo. Y, sin embargo, empiezas a comportarte como "entonces" y ellos también... sólo que ahora te ríes, te ríes con ganas, porque sabes que todos estáis representando la obra de vuestro pasado, el que ya no existe sino en la memoria, al que es positivo volver para saber por qué eres quien eres y cómo debes ser... Y te das cuenta de que todas esas personas hoy en día ya no son niños, ni tú tampoco lo eres, que la vida os ha pasado por encima a todos, a unos con tormentas y días soleados, a otros sólo con tormentas y a otros, seguramente a la minoría, con días soleados. Porque la vida no es un día soleado: el sol lo ponemos nosotros

Y el perdón... te das cuenta de que hace tiempo que perdonaste, pero no lo sabías...

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