sábado, 6 de julio de 2013

ESCARAMÚS, ESCARAMÚS



Te refieres a la letra del magnífico tema “Bohemian Raphsody” de los inigualables Queen con la inimitable, irrecuperable… i-able hasta el infinito… voz de Mr. Mercury
al frente. Si mi amigo Freddy levantara la cabeza… además de hacerle un favor a la música actual… seguro que se revolcaría de la risa provocada por la propia ternura… al verte, mi chiquitina, cantando uno de sus míticos temas: “Escaramús, escaramús”, pausa, “Escaramús, escaramús”, pausa… y así sucesivamente. ..
Estás cantando, concretamente, la estrofa donde el protagonista de la canción entra, al parecer, al Infierno: “I see a Little silhouetto of a man – Scaramouch Scaramouch Will you do the fandango?”. Pero tú la resumes en dos palabras: Escaramús, Escaramús. Y conviertes una canción divina en un bucle que, si bien para cualquier amante del rock sería un sacrilegio, oyéndotelo a ti es imposible negar la calidad artística del mismo.
Y es que los niños lo simplificáis todo de la forma más encantadora.
Y es imposible también negaros la sonrisa, la risa, la carcajada, el abrazo, el “Te como a besos”, los achuchones… y una infinidad de muestras de cariño in crescendo.
De hecho, una de las veces que os la canté, mientras os bañabais, te echaste a llorar: “Mami, no, que me da mucha pena, me pone triste”, todo esto entre sollozos y a viva lágrima. No sé por qué, ni intento analizarlo porque es una empresa harto difícil en una niña de dos años y medio, ese día te dio por ahí, te dio por llorar al oírla. Ignoro si lo que te llegó al alma fue el “Mama”, porque el resto de la letra ni aun cuando supieras hablar inglés la entenderías. Tal vez fuera, simplemente, la melodía, aunque tampoco es que vuestra madre afine tanto como para emocionar… A veces, eres un misterio para mí. Y es maravilloso. Es maravilloso ir conociéndoos cada día un poco más, guiándoos, comprendiéndoos…
“Escaramús, escaramús”, y una de las veces llega tu hermana y entona “Güil yu du de fan-dan-go”. Ella apenas conoce todavía algunas palabras en inglés, pero memoriza las canciones en cualquier idioma; otras cuestiones son la pronunciación y la comprensión de la letra, aunque eso da igual: estáis tan monas… Os partís de risa, y yo lo entiendo: mis hermanas y yo hacíamos lo mismo, era un juego para nosotras, inventarnos las canciones y creer que las cantábamos correctamente aun cuando supiéramos que no era así; o sea, inventarnos un idioma con música de fondo.
“Escaramús, escaramús”, en el baño, mientras juegas distraída, caminando por la casa, hojeando un libro de cuentos… Por lo visto, se te ha pegado el soniquete. La has oído tantas veces… Es lo bueno o malo de tener una mamá rockera que se ancló a los años ochenta: que estáis en contacto con la música de entonces. Aunque tu canción preferida es “The Kiss”, de la banda sonora de “El Último Mohicano”; tú la llamas “La del indio”, porque os expliqué a qué película pertenecía. Cuando la oyes en el coche, balanceas ligeramente la cabeza mientras te anonadas mirando a través de la ventanilla, en silencio, absorta en tus infantiles ensoñaciones.
No sé qué te pueden inspirar esas canciones para que ya, desde tan pequeñita, te gusten o te disgusten, e incluso tengas una favorita. No es que no te gusten El Tallarín, La Taza y la tetera, El Barquito de Cáscara de Nuez… También te gustan, también las bailas, pero es evidente que no despiertan en ti las mismas sensaciones que la “música de adultos”, como la llama tu hermana.
“Escaramús, escaramús”… y tantos otros momentos maravillosos y perfectos que me regaláis todos los días… 

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