sábado, 20 de julio de 2013

7. LAS MUSAS, LOS COLETEROS Y OTROS OBJETOS PERDIDOS

 
Viernes, 19 de Julio de 2013: Las musas, los coleteros y otros objetos perdidos.


Un parque con una cascada y un barco de juguete…
Una playa vigilada por un faro y golpeada por las olas…
Un trayecto tan corto y tan largo, a la vez, entre tú, quien realmente eres, y tú, quien a veces crees ser… y tú, quien no quieres volver a ser… y tú, quien desearías ser siempre…
Miras al fondo, allá, a lo lejos, donde se pierde la visión pero no la vista, donde no hay olores pero sí hay olfato, donde no sientes la caricia aunque sí sientas el tacto, donde no escuchas nada pese a estar oyendo, donde no hay nada que degustar aunque retengas ese sabor… donde los sentidos se quedan mudos… El mar…
¿Existe algo más relajante que un atardecer? No, lo siento, un amanecer NO es más relajante. De hecho, amanecer es comienzo, o sea, movimiento, velocidad, aceleración, estrés… y el atardecer es final, del día, de la jornada laboral, de los ojos abiertos, de los últimos besos, de los hobbies activos, de las conversaciones, del ruido… tranquilidad, sosiego, RELAX, palabra, esta última, absurdamente adoptada del inglés puesto que, en realidad, el vocablo anglosajón deriva del latín, que es de donde, sobre todo, se nutre nuestro idioma en sus orígenes, y concretamente, del mismo término que da lugar a RELAJAR (relaxare) que es la nuestra ¿Tantas vueltas para acabar llamándole igual? Qué complicados somos a veces… Pero, a lo que yo iba… El atardecer, sumum de relajación, de paz, de viejas historias a la memoria, de antiguos amores al corazón, de líneas anaranjadas bordeando tu mundo, de sonidos lejanos que nadie  ni nada emite… la hora de las musas, la hora del sueño, la hora a la que Morfeo empieza a sobrevolar nuestra dimensión buscando alguien a quien abrazar… Esa hora mágica en la que la inspiración llega para hacer de las manos más lentas las más rápidas, de las mentes más estériles las más fértiles… y algún que otro estropicio, de vez en cuando, que acaba en feliz anécdota con las hadas de la imaginación… la hora a la que  las musas, Morfeo, la inspiración, las hadas y toda la parafernalia que traen consigo… se tienen que ir de vuelta porque yo no puedo escribir. Y después me siento, a eso de las once y media o las doce (es verano, están desatadas…), y nada, ni una palabra, o un relato en plan Blablabla Blabla y colorín colorado. Peor aún es cuando abres alguna página y ves tropecientos concursos de microrrelato y tú, nada, “La M con la A, MA y poco MÁ”. Y te preguntas si para esto también habrá vacaciones ¿Cómo pacto eso con las musas?
A esa hora mágica, tú estás intentando hacerte una fotografía con tus hijas delante del faro: por favor, un momentito quietas, que no tengo ninguna foto con vosotras, deja de hacer muecas, vamos a intentarlo ahora que nos la puede hacer el tito, Valeria deja de pisarme, Ángela que me arrancas la cabeza… risas, carcajadas, algo parecido a una foto de familia con dos energúmenas en miniatura tratando de zafarse de tus brazos… Y cuando le toca al tito, las dos quietas y sonrientes. Qué crueles son a veces…
A esa hora mágica, tú estás quitándoles la arena bajo la ducha de la playa: que te puedes caer no te subas ahí, espera que te enjuague el bañador, niña deja de tirar que me vas a dejar en bolas y ya no luzco tanto, que mojas la toalla, dónde vas no te alejes más de tres metros (como si supieran qué son tres metros)…
A esa hora mágica, tú estás intentando que comprendan que no te puedes partir en dos, que tienen que esperar el turno, que tienen que cenar, que hay que dormir… y es, en ese momento, cuando las musas salen volando y ya no recuerdas qué fue aquello que trataste de retener en la memoria para escribirlo más tarde.
Por la mañana se te habían ocurrido algunas frases, reflexionabas sobre algo entre el café y el fregadero, mientras barrías pensabas “Esto es interesante”, vistiéndolas para salir un rato te asaltaban ideas, y después, en el parque, ante la cascada, llegaron a tu mente muchísimos pensamientos dignos de ser escritos. Sin embargo, el único que retuviste fue si las gomillas del pelo irán a parar a un universo paralelo cuando las niñas se despeinan, porque llevas media vida comprando coleteros y nunca han vuelto a aparecer aquéllos que perdiste de vista en casa. Son como los chupetes de Valeria: simplemente, desaparecen. Tal vez sean abducidos por seres extraterrestres con mucho pelo y necesidad de succionar, y sólo se llevan los coleteros y los chupetes… La cuestión es que los pierdes y nunca los vuelves a ver. Primero se va uno, después su pareja, y tienes que ir a comprar más para que no vayan comiéndose las melenas.
Piensas si merece la pena hablar sobre coleteros perdidos. No, la verdad es que no, pero no recuerdas qué más querías escribir.
Y mientras escribes, ya bien avanzada la noche, una absurda historia de coleteros, estás escuchando, en la calle, a un grupo de jovencillas que se cuentan algo acerca de alguien que no está de acuerdo con que “la manden a la mierda”. La verdad, yo tampoco lo estaría…
Se van acabando estas dos semanas de vacaciones familiares, y en dos días vamos a concentrar cantidad de eventos, entre los cuales cuento un reencuentro con los antiguos compañeros del colegio donde cursé BUP y COU y una excursión que haremos el domingo a los Baños de la Hedionda, un arroyo de aguas sulfatadas donde nos pringaremos de barro terapéutico hasta las orejas.
Y creo que, con tanto acontecimiento por delante, no son horas de estar despierta.
Por cierto, Sara, me ha alegrado volver a verte después de veinte años: cómo han cambiado aquellas niñas que miraban al futuro sin el temor de quien ya lleva media vida vivida… sin la duda de quien ya disparó tantas cajas de cartuchos… con más puntería unas, con menos puntería otras… aquellas niñas soñadoras que se sentaban en el patio del colegio durante el recreo y hablaban de tal o cual niño, de moda, de música…
Tengo miedo, pero no sé a qué… Cuando lo averigüe, ya será demasiado tarde…
Y hablando de ser demasiado tarde… hasta mañana.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho :-) y no voy a entretenerme porque si no el tito viene dentro de "cero coma" y se pone muy cansino... pues eso. Me ha gustado mucho :-) pero sigue siendo mi preferida la de "escaramús".
    Qué silencio más raro en la casa ahora que no están las niñas, nos hemos acostumbrado a su risa loca y sus bailes del "culo - pollo".

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  2. ¡¡¡Gracias!!! Al tito le dices, cuando llegue, que invierta él también un ratito en leer y comentar. Por las niñas, no os preocupéis, que esta tarde están bailando otra vez el "culo-pollo" con vosotros :-)

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