viernes, 4 de febrero de 2011

SÓLO UN MINUTO MÁS


En sólo un minuto, ya estaré muerto. Y, mientras espero, me pregunto: ¿tantos años vividos, para esto?
Dicen que hay algo después de la muerte:
en sólo un minuto, podré comprobarlo. Miro al pasado y compruebo lo mal que he empleado mi tiempo. Después de una infancia feliz, pasé años buscando prestigio y dinero; ahora, nada de lo que tengo me podrá salvar, pues en un minuto ya estaré muerto. No hay nadie a mi lado, nadie que me recuerde mis buenos momentos, quizás porque cualquier persona que pudiera recordármelos ya hace tiempo que no está en mi vida, quizás porque mis únicos buenos momentos tienen casi tantos años como yo... No hay nadie sujetando mi mano para decirme adiós mientras me estoy yendo, nadie que me quiera, nadie que me admire, nadie para decirme que mereció la pena... Me encuentro, al final, con la certeza de no tener nada, nada para llevarme, nada en mi corazón. Todo cuanto he atesorado está invertido en objetos, en propiedades, en banalidades. No poseo nada, nada mío, nada que pueda llevar conmigo, sólo mi infancia ¿Será esa mi primera imagen al partir? Eso espero; espero ver a mi madre, volver a sentir su abrazo, sus tiernas caricias, sus palabras de consuelo cuando lloraba, su voz cantándome mientras me arrullaba para dormirme... Espero ver las tardes de verano a la orilla del mar, jugando con mis hermanos, sentir otra vez la brisa salada mientras me revuelco en la arena, mi abuelo comprándome un helado... No quiero morir con corbata, paseando por un despacho frío, no quiero recordar el jardín vacío de mi chalet, ni el último coche que compré, no quiero oír mis salidas de tono porque algún empleado no cumplía los plazos previstos... Tal vez pueda recordar la cara de mi primera novia, aquella muchacha de bondad infinita que se cansó de buscar en mí a quien ella esperaba que fuese; o tal vez pueda volver a ver los ojos de la mujer con quien me casé, aquella mujer para quien el amor lo era todo y el dinero no era suficiente para ser feliz. No veré a los hijos que nunca tuve, no me llorarán los amigos que perdí, no me acompañará nada de cuanto descuidé a cambio del vacío que ahora me rodea.
No recuerdo haber sido feliz desde mi infancia. Hubo quien quiso que lo fuera, hubo quien lo intentó; pero yo no podía ser feliz, porque llevaba el mapa equivocado: siempre busqué un cofre lleno de monedas, en lugar de un corazón lleno de amor.
En tan sólo un minuto, ya me habré ido. Y no me llevaré nada. Todo lo que fui, todo lo que tuve, todo lo que viví... todo se puede quedar aquí sin que con ello quede mi paso por el mundo; en unos días, será como si no hubiese existido jamás. Mis huellas se borrarán como si siempre hubiese estado caminando sobre nieve y nunca hubiese dejado de nevar. Nada de lo que tengo servirá para recordarme.
Eso he sido: nada; eso he tenido: nada; eso tengo: nada. Y en la nada me voy durmiendo.
Espero, al menos, ver a mi madre, y que me diga lo mucho que me quiere pese a todo, pese a no haber estado con ella cuando murió; espero que ella sí esté aquí conmigo cuando yo muera: dicen que las madres lo perdonan todo. Es mi única esperanza, que haya algo después de la muerte, que mi madre me esté esperando para perdonarme, para abrazarme, para hacerme creer que valió la pena vivir... porque ahora mismo, creo que sólo fue una gran pérdida de tiempo.
Y sólo me queda un minuto... para arrepentirme...

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